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¿Cuánto genera por hectárea la protección frente a la quemadura solar en el huerto?

En verano, las pérdidas por quemaduras solares en fruta puede alcanzar el 30% de la cosecha, por lo que la protección frente a la quemadura solar se ha convertido en una herramienta clave de gestión del riesgo productivo.

Protección vegetal España - 14/04/2026 12:27:05
Pulverización de la protección contra quemadura solar Cropshader Orchard, de Lumiforte.








Cada verano, una parte significativa de la fruta en huertos de exportación se degrada o se pierde por quemadura solar. En campañas especialmente cálidas, esta pérdida puede alcanzar el 30%, reduciendo de forma directa el valor comercial por hectárea.




La quemadura solar no solo afecta a la apariencia. Cuando la temperatura superficial del fruto supera determinados umbrales, el tejido se deteriora y la fruta pasa de categoría premium a destrío o segunda clase. En producciones orientadas a exportación, incluso un 10–20% de fruta afectada puede comprometer la rentabilidad de la parcela.

Un problema cada vez más frecuente


Las olas de calor por encima de 35 °C son cada vez más habituales en zonas productoras tradicionales. En estas condiciones, la temperatura del fruto puede situarse entre 10 y 15 °C por encima de la del aire, especialmente en las zonas más expuestas de la copa.

Antes de que aparezcan los síntomas visibles, el árbol ya está bajo estrés. El cierre estomático reduce la transpiración, limita la absorción de CO₂ y ralentiza la fotosíntesis. Este proceso afecta al desarrollo del fruto, a la acumulación de azúcares y a la calidad final, aunque externamente todavía no se aprecien daños.

Las consecuencias varían según el cultivo. En cítricos, los daños pueden aparecer entre 38 y 48 °C. En uva, se observan necrosis y deshidratación. En frutales como manzano, peral, nogal u olivo, las pérdidas de valor pueden situarse entre el 10% y el 30% en campañas de alta presión térmica.

Impacto económico en campo

Un ejemplo en manzano permite dimensionar el problema. En condiciones normales, un bloque de 60 t/ha a 1,2 €/kg genera alrededor de 72.000 €/ha. Sin embargo, con un 15% de fruta afectada por quemadura solar, el valor cae a unos 64.800 €/ha.

Esto supone una pérdida directa de aproximadamente 7.200 €/ha en un solo episodio de calor.
A esta pérdida se suman otros factores que muchas veces pasan desapercibidos: los costes de recolección y manipulación se mantienen, los programas de exportación penalizan cualquier daño visible y, en campañas consecutivas, las pérdidas se acumulan.

Cómo se desarrolla la quemadura solar

La quemadura solar no aparece de forma repentina, sino que evoluciona en varias fases. En primer lugar, la necrosis, que implica un daño irreversible por temperaturas extremas. A continuación, el browning, resultado de la combinación de calor y radiación. Por último, la fotooxidación, que se produce cuando el fruto pasa bruscamente de sombra a exposición directa.

Cuando estos síntomas son visibles, el daño económico ya está consolidado. Por ello, las estrategias de manejo se centran en evitar que el fruto alcance temperaturas críticas, generalmente en torno a los 40 °C.

Indicadores de riesgo en campo

El estrés térmico no se distribuye de forma uniforme en el huerto. Suele iniciarse en zonas concretas como las filas orientadas al oeste, áreas con menor densidad de copa, árboles jóvenes o bordes de parcela.

En campo, existen señales tempranas que permiten anticipar el problema. Una diferencia de 3 a 5 °C entre la temperatura de la hoja y el ambiente indica el inicio del estrés. Si esa diferencia alcanza los 5–10 °C, es probable que el árbol ya esté reduciendo su actividad fotosintética. En paralelo, la fruta expuesta puede alcanzar temperaturas entre 10 y 15 °C superiores al aire.

Estas señales aparecen días antes del daño visible y representan una ventana clave de actuación.

Opciones de manejo disponibles

Para reducir el impacto del calor, los productores disponen de distintas herramientas. Entre ellas destacan los recubrimientos reflectantes, tanto a base de caolín como soluciones bio-based, que pueden aplicarse con los equipos existentes. También están las mallas de sombreo, que ofrecen una protección más estructural, y los sistemas de aspersión sobre copa, que aportan un efecto de enfriamiento elevado cuando la disponibilidad de agua lo permite.

Ensayos en diferentes cultivos han demostrado reducciones de temperatura del fruto de entre 3 y 10 °C, con efectos directos sobre la reducción de la quemadura solar.

En este contexto, las soluciones bio-based aplicadas por pulverización están ganando interés por su flexibilidad y por permitir intervenir en momentos clave sin necesidad de grandes inversiones.

Enfoque práctico: medir antes de decidir

La respuesta al calor varía según la parcela, la variedad y el manejo. Por ello, cada vez más productores optan por validar las estrategias directamente en campo antes de aplicarlas a gran escala.

El uso de bloques de ensayo permite comparar filas tratadas y no tratadas, medir diferencias de temperatura y evaluar el impacto real en el packout. Este enfoque aporta datos concretos para tomar decisiones con menor riesgo.

Conclusión

La protección frente a la quemadura solar se ha convertido en una herramienta clave de gestión del riesgo productivo. En un contexto de mayor frecuencia de olas de calor, anticiparse a los episodios críticos es fundamental para mantener la calidad y la rentabilidad.

El siguiente paso es medir el impacto en tu propio huerto y tomar decisiones basadas en datos reales de campo.

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