Había muchas esperanzas puestas entre las agricultoras y ganaderas de verdad por que la futura PAC corrigiese los errores de su antecesora, pero la realidad es que se han vuelto a imponer intereses que muy poco tienen que ver con el sector, consideramos desde EHNE-Navarra. La totalidad de las organizaciones agrarias, junto con el apoyo de las fuerzas parlamentarias y del propio Departamento de Desarrollo Rural, hemos venido trabajando conjuntamente para que se eliminasen aspectos que considerábamos injustos, como es el caso de los derechos históricos.
De hecho, la mayoría de las Comunidades Autonómas y el propio Ministerio de Agricultura coincidían hasta bien recientemente en la necesidad de hacer desaparecer dichas referencias históricas que, reforma tras reforma, se han venido heredando y condicionando los importes que cada agricultor y ganadero recibe. Una postura que, dicho sea de paso, también defiende la misma Unión Europea, pero que, sin embargo, no se va a terminar de aplicar por falta del valor necesario y como consecuencia de presiones desde ámbitos que están muy alejados del trabajo diario de las explotaciones agrícolas y ganaderas familiares.
La apuesta por ayudar a la renta de agricultores y ganaderos sigue siendo necesaria, pero límites claros tanto para el perfil de beneficiario, como para los importes máximos son lo que EHNE-Navarra echa de menos en la actual y, por lo que se ve, también futura PAC.
La principal consecuencia de esta NO REFORMA va a ser el reparto injusto de ayudas y la imposibilidad de liberar tierra para las futuras agricultoras y ganaderas, ya que la definición de agricultor activo que se está planteando permite seguir en el sector con una actividad agraria mínima y dificulta liberar tierra.
Desde nuestro sindicato planteamos que bastaría con dirigir ayudas a quienes realmente están en el sector, así como su reparto más justo, basándolo en unos topes mucho más restrictivos y una convergencia, no en hectáreas para cada tipo de región o cultivo, sino en ayudas a cada beneficiario en función del sector al que pertenece y el número de personas asociadas (socios y/o trabajadores) al beneficiario en cuestión. Es decir, que dos cerealistas que manejan similar número de hectáreas o dos ganaderos de leche con rebaños parecidos, tengan unas ayudas similares.
Asimismo, denunciamos que las medidas de regulación de mercado tan importantes durante los primeros años de la PAC, ahora brillan por su ausencia, del mismo modo que la definición de agricultor activo –quien puede cobrar las ayudas– vuelve a ser un coladero, pues prácticamente todo aquél que las ha recibido hasta este momento seguirá haciéndolo.
Junto a ello, desde EHNE-Navarra consideramos escandalosos y socialmente indefendibles unos importes máximos de ayuda básica a la renta por beneficiario de hasta 100.000 euros y por si no fuera suficiente, la denominada “Ayuda complementaria redistributiva para la sosteniblidad”, que supondrá un importe extra a las primeras hectáreas, se repartirá a todo el mundo, sin discriminar positivamente a un modelo familiar y profesional de agricultor. Desconocemos la letra pequeña de unas ayudas asociadas a la producción en distintos sectores, similares a las actuales, pero a las que les han puesto el epíteto de “sostenible”.
Están aún por definir unos ecoesquemas cuya oferta es obligatoria para los Estados y “optativa” para los beneficiarios, pero que van a suponer un 25% del importe de las ayudas a la renta. Por último, mucho nos tememos que la gestión de las ayudas se va a complicar todavía más, tanto a nivel de solicitud como de controles posteriores.