El abono es un componente fundamental del cultivo y crecimiento de las plantas; se trata de fertilizantes que contienen los nutrientes que las plantas o los suelos necesitan para desarrollarse y ser más productivos, respectivamente. Para escoger el más adecuado, es necesario considerar las características del cultivo y el suelo para proveer los nutrientes que sean necesarios para su desarrollo. En la actualidad, existen muchos tipos de abonos diferentes que se dividen en dos grandes tipos: orgánicos e inorgánicos. ¿Cuántos tipos de abonos hay y cuáles son?
Tipos de abono
Los abonos se clasifican según su origen y pueden ser orgánicos e inorgánicos. Los abonos orgánicos son aquellos que se producen con elementos naturales, mientras que los inorgánicos no contienen materia orgánica, sino que se elaboran en laboratorios a partir de sustancias químicas. Dentro de los tipos de fertilizantes inorgánicos podemos encontrar:
- Fertilizantes organominerales
- Abonos foliares
- Fertilizantes de lenta liberación
- Fertilizantes minerales
Por su parte, dentro de los abonos orgánicos encontramos:
- Abono ecológico
- Estiércol
- Guano
- Compost
- Turba
- Extractos húmicos
Desde luego, estas opciones son mucho convenientes ya que solo se componen de materia orgánica y se preparan únicamente con elementos naturales.
Ventajas de utilizar abonos orgánicos
También denominados abonos bio, los fertilizantes orgánicos se elaboran utilizando residuos de origen vegetal, como hojas, ramas y restos de las cosechas, de origen animal, como estiércol y orina, y otros residuos a partir de los cuales las plantas y el suelo puedan extraer los nutrientes necesarios para su desarrollo.
Los abonos bio u orgánicos actuales son buenos para el medio ambiente y los suelos donde se usan ya que contribuyen a promover actividades sostenibles. Esto quiere decir que no se destruye ni se daña el medioambiente a través de su elaboración y su uso no produce ningún impacto negativo en la naturaleza.
Las principales ventajas de utilizar abonos orgánicos son las siguientes:
- No perjudican al medioambiente: Al no contener ningún agregado químico, los abonos orgánicos ofrecen una forma natural de fertilizar el entorno. Las plantas están adaptadas a los materiales orgánicos y, por lo tanto, podrán aprovechar mejor sus nutrientes sin que se provoquen daños en la naturaleza. A diferencia de lo que sucede con los fertilizantes inorgánicos, los abonos bio no presentan sustancias tóxicas para el suelo o la biodiversidad.
- Promueven la biodiversidad: La materia orgánica fomenta el desarrollo de organismos que prosperan en suelos ricos en nutrientes.
- Pueden utilizarse para proteger el suelo: Si se coloca una capa de abono orgánico sobre el suelo esta limitará el crecimiento de la mala hierba. Además, esto ayudará a que el suelo retenga la humedad y que su temperatura aumente durante los días soleados.
- Suministran nutrientes a largo plazo: Muchos microorganismos se alimentan de ellos y sintetizan los nutrientes de modo que las plantas puedan absorberlos sin inconvenientes durante un período prolongado.
El abono mejora el suelo y promueve el desarrollo de las plantas. Si bien existen dos tipos en los que se clasifican los fertilizantes, los abonos orgánicos e inorgánicos, es el primer tipo el que más ventajas presenta ya que contribuye a cuidar el medioambiente promoviendo un entorno sostenible.