El problema de las malezas de difícil control ya traspasó el alambrado. No es solo un problema de los productores agropecuarios, ni de la Argentina, sino de la región y del mundo.
Las pérdidas de cosechas y los mayores costos de control para mantener a raya a estas especies, que compiten con los cultivos, preocupan y ocupan a agricultores, científicos, empresarios y funcionarios de gobierno en distintos puntos del planeta.
En Argentina ya se cuentan 21 biotipos resistentes de 14 especies de malezas, de las cuales nueve son gramíneas y cinco latifoliadas.
“Conyza bonaerensis (rama negra) hoy causa los mayores problemas en Brasil, y Digitaria insularis (pasto amargo) emerge como uno grande, desplazándose rápidamente desde el sur -Paraná y Mato Grosso do Sul- hacia el norte y oeste del país, bajando también hacia el norte de Argentina”, dijo a Clarín Rural Harry Strek, director global de Investigación en Malezas Resistentes de Bayer Crop Science, hace pocos días, de gira en el país.
“Las malezas gramíneas afectan seriamente a los cereales en Europa pero, allá, la posibilidad de hacer más rotaciones de cultivos de invierno y verano destruye el ciclo de vida y la competitividad de las malezas”, explicó el investigador.
Al mismo tiempo, Amaranthus (yuyo colorado) hace estragos en EE.UU. y un número creciente de malezas invade Canadá y los países productores de América del Sur.