Indignación y malestar pero prudencia hasta que se esclarezcan los hechos
Indignación y malestar entre los agricultores malagueños, Alemania ataca de forma indiscriminada a los agricultores españoles, acusándolos de cultivar “pepinos asesinos”
Indignación y malestar entre los agricultores malagueños. Con este sentimiento se han despertado hoy los productores de Málaga al ver cómo Alemania ataca de forma indiscriminada a los agricultores españoles, acusándolos de cultivar “pepinos asesinos”, tal y como se denomina en la prensa germana a los pepinos contaminados por la bacteria “Escherichia coli”.
Ante estos hechos, Asaja Málaga pide prudencia hasta que se esclarezcan los hechos. “Los resultados de los análisis se conocerán previsiblemente hoy, pero al margen de los resultados, no se puede consentir que desde Alemania nos acusen de algo tan grave sin unas pruebas totalmente fidedignas que avalen dichas acusaciones”, manifiesta el presidente de la asociación agraria, Carlos Blázquez.
Carlos Blázquez asegura que la calidad de los productos que se cultivan en nuestra tierra es incuestionable. “No se puede poner en entredicho la profesionalidad y el buen hacer de nuestros agricultores por un hecho puntual que ni siquiera se ha esclarecido”, añade.
El presidente de Asaja Málaga confía en que los resultados se obtengan con la mayor celeridad posible para arrojar algo de luz sobre este desafortunado percance. Como se sabe, los pepinos “supuestamente” contaminados ni siquiera han sido cultivados en Málaga. Se trasladaron desde Málaga, con tan mala fortuna que, al parecer, el palé se cayó en el mercado de Hamburgo.
Blázquez solicita a las autoridades encargadas de analizar los hechos que se tenga en cuenta la amplia cadena de distribución antes de acusar a nadie directamente. El proceso desde que se cultiva el pepino hasta que lo degusta el consumidor alemán es muy amplio. Hay que recordar que los pepinos se compraron en Almería y que esta explotación ecológica contaba con un certificado de calidad ecológica. Posteriormente, una empresa malagueña, también certificada, los exportó a Hamburgo, donde se cayeron al suelo e informaron al distribuidor malagueño que los comercializarían como producto de segunda categoría por el incidente ocurrido. Una vez allí, el comercio mayorista alemán lo distribuyó al minorista. “La cadena alimentaria es muy extensa, es preciso estudiar a fondo todas las hipótesis para ver exactamente dónde se contaminó el producto”, concluye Blázquez.