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OGM en el mundo

Transgénicos: Registran 20 millones de héctareas cultivadas

La Argentina ocupa el segundo lugar entre los países con mayor superficie de cultivos transgénicos.

Perú 27/02/2008


Con la soja a la cabeza, los cultivos transgénicos ya rozan en la Argentina los 20 millones de héctareas, generaron un millón de empleos en una década, y siguen creciendo en el mundo a un ritmo del 12 %, según el informe presentado por el Servicio para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (ISAAA). La ''Situación Global de los Cultivos Transgénicos 2007'', publicado por Clive James, fundador del ISAAA, fue presentada en ArgenBio por el investigador de la Fundación Forges y miembro del Grupo CEO, Eduardo Trigo.

''Los cultivos transgénicos aportaron a la Argentina US$ 20.000 millones en la década 1996/2005 y permitieron la creación de un millón de empleos, además de beneficios ambientales como los generados por prácticas conservacionistas, entre las que se cuenta la siembra directa'', dijo Trigo, doctor en Economía Agraria, a Clarín Rural.

El investigador agregó que la modificación genética ''no es una tecnología de minorías, ni de ricos, sino que cada vez es más aprovechada por los pequeños productores''. Trigo señaló que, según el informe de James, el año pasado ''2 millones de productores tomaron la decisión de cultivar transgénicos por primera vez, llevando a 12 millones el número de agricultores en todo el mundo'' que los usan. En 2007, el área de cultivos transgénicos creció un 12% pasando de los 102 millones de hectáreas en 2006, a 114,3 millones de has.

-¿Y cuál es el lugar de la Argentina en ese panorama?

-Continúa en el segundo lugar de productores de cultivos genéticamente modificados en el mundo, con 19.846.000 has -16.600.000 de ellas son de soja-, lo cual representa el 17% del total de superficie con transgénicos en el mundo.

- ¿Cuál es la meta?

-En la Argentina, que no cuenta con las posibilidades de expansión de tierra cultivable que tiene Brasil (hoy tercera detrás de EE.UU. y Argentina, con 15 millones de hectáreas de cultivos GM), la meta debe ser aumentar la productividad al máximo. Además, las técnicas permitirán mejorar dramáticamente los costos. En el corto plazo, es importante mejorar la eficiencia de los cultivos modificados existentes. En cuanto a la disputa energía-alimentos, a más largo plazo, es un tema que nos debe preocupar.

-¿Qué debe hacer el productor?

-A la Argentina la beneficia todo aquello que contribuya a disminuir costos y a aumentar y hacer más eficiente la productividad. De allí vienen los 20.000 millones de dólares de los que la Argentina se ha beneficiado en los últimos 10 años, desde que adoptó la soja tolerante a herbicidas. Mucha gente pronosticó hace dos años que estábamos al final de esta etapa y que ahora venía la calidad. En realidad, lo que viene ahora es más de lo mismo, y más profundo: tolerancia a sequía, un maíz resistente a insectos y tolerante a herbicidas, al igual que la soja. Todas son cosas que mejoran la tecnología de producción y permiten producir más barato y con mayor eficiencia. Como somos exportadores de materias primas, de commodities, en donde el precio está fijado, cuanto más eficientes seamos en la producción -y en eso nos ayudará esta tecnología-, mayores serán los beneficios. Mayores rindes y menores costos por hectárea.

-¿Los transgénicos servirán en suelos semi-áridos, ante el avance de la frontera agropecuaria?

-La tolerancia a la sequía no sólo beneficiará al maíz o la soja, sino a todos los cultivos propios de zonas áridas, haciendo más eficiente la producción de cultivos autóctonos. El trigo se beneficiará de la tolerancia a la sequía, pero ya está en zonas donde la disponibilidad de agua es problemática, como en el sudeste de Buenos Aires y en otras donde se vive mirando al cielo. Antes de avanzar hacia el Sur o el Oeste, primero hace falta grantizar productividad en zonas que hoy ya están produciendo trigo.

-¿Los transgénicos son inocuos para la salud humana?

-Seguro. Los números indican que no existen daños para la salud para cientos de millones de consumidores en 10 años. Además, es la tecnología más controlada de la historia con respeto de los tiempos de análisis de inocuidad ambiental y alimentaria. Se ha confundido tecnología y quien la desarrolla. Mucha gente expresa su oposición a las multinacionales en el control de estas tecnologías. Y nos debe preocupar, como cualquier concentración económica, que debe ser manejada con instrumentos de política que existen y aseguran la competencia en estos mercados; no a través de políticas preventivas o de bioseguridad que sólo hacen más complejos procesos que no deberían serlo.

Sólo llevarían a la Argentina a perder de ganar y no nos podemos dar el lujo de perder de ganar. Imaginemos la Argentina del 2001 en adelante, si no hubiéramos tenido a la soja que generó riqueza; y, sobre todo, un millón de empleos.


 

 



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