ESPAÑA 08/06/2004
El conseller de Territorio y Vivienda, Rafael Blasco, afirmó que la decisión de la Junta de Andalucía de paralizar la planta desaladora de Carboneras en Almería, por su impacto negativo sobre el medio natural, evidencia que el trasvase del Ebro es ''la única alternativa viable'' desde el punto de vista ambiental.
Blasco afirmó que la decisión del Gobierno andaluz pone de manifiesto que las desaladoras generan impactos ambientales ''muy graves'', y que ''pueden ser una alternativa en casos muy específicos, pero nunca para resolver de modo global el problema de la escasez de agua''.
Asimismo, apuntó Blasco, ''para resolver el déficit hídrico en la Comunidad hay una solución, el trasvase de aguas del Ebro, que supone la garantía para la supervivencia de nuestros espacios naturales''.
''El Gobierno socialista andaluz y diferentes colectivos sociales han reconocido los impactos ambientales de las plantas desaladoras, en concreto, de los vertidos de salmueras al mar'', subrayó el conseller, quien añadió que ''existe un amplio consenso, que incluye a muchos socialistas, en torno al desastre ambiental que suponen las desaladoras''.
De este modo, continuó, ''los socialistas nos dan la razón, al confirmar que las desaladoras representan un peligro real para el medio ambiente'' y aseguró que la situación actual es ''un callejón sin salida, en el que la realidad de los hechos se opone a la tozudez del Gobierno central''.
Blasco indicó que incluso el Gobierno socialista de Aragón reconoce en un informe el impacto negativo de las desaladoras, por lo que a su juicio ''sólo la obcecación del Ministerio de Medio Ambiente, que gestiona el agua de espaldas a las necesidades reales de los ciudadanos, explica una iniciativa así de inviable''.
El responsable de Territorio y Vivienda resaltó también, que los vertidos de salmueras afectarán muy negativamente a las playas valencianas, sobre todo en la provincia de Alicante, por la destrucción de las praderas de poseidonia.
Por otra parte, apuntó que el consumo energético de las desaladoras significaría aumentar el consumo eléctrico valenciano casi en un 10 por ciento anual, lo que haría imposible el objetivo de desarrollo sostenible.
Además, ''se disparará la ocupación de suelo en el litoral, las emisiones de dióxido de carbono y se pondría en serio riesgo nuestro los humedales costeros'', advirtió el conseller, quien señaló que el plan de desaladoras ''tendrá las mismas consecuencias que si aumentara el consumo eléctrico doméstico en un 50 por ciento en el litoral valenciano''.