ESPAÑA 05/04/2004
Los propietarios rurales europeos buscan nuevas alternativas económicas para conseguir que sus explotaciones -algunas centenarias- sigan siendo rentables después de cambios como las reformas agrícolas o la Ampliación de la UE.
Mantener las rentas de una finca es hoy en día algo más complicado en Europa, donde los cambios políticos y los requisitos medioambientales obligan al dueño a reciclarse y a mejorar su gestión, tanto en los actuales países comunitarios como en los 10 que entrarán en la UE el próximo 1 de mayo.
En la UE de 25 países, el número de trabajadores del sector agrícola, forestal, cinegético y pesquero ascenderá a 10.570.000 de personas, el 5,5% del total de la población activa, según datos de la asociación que agrupa a propietarios de explotaciones agrarias (ELO, en inglés).
El número de propietarios agrícolas censados en los 15 actuales miembros de la Unión asciende a 30 millones de personas, de los cuales 12 millones son empresarios forestales, si bien algunos de estos últimos combinan esta actividad con la agricultura.
Además, el papel de estos propietarios crecerá en la UE ampliada, donde, tras el acceso de los países adherentes, la superficie total de la Unión ascenderá a 393 millones de hectáreas (319 millones en los Quince), de las que cerca de un 80% del territorio serán tierras rurales -40% de uso agrícola y 38% forestales-.
Los empresarios agrícolas comunitarios tienen intención de invertir en los nuevos países de la UE y ya hay españoles interesados en Polonia o Eslovenia.
El principal problema es la regulación de la propiedad, pues por ejemplo, el 83% de las tierras polacas no está privatizada.
Por otra parte, la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) reduce las ayudas agrícolas directas y las desliga de la obligación de producir, además de dar una mayor importancia a los criterios ambientales.
La PAC prima también el desarrollo rural (políticas para potenciar en el campo otras actividades diferentes de la agricultura) lo que motiva la reconversión de las parcelas.
''Hace 40 años un propietario podía ser sólo agricultor y hoy en día necesita ejercer además de ingeniero, abogado, empresario, ecologista y sobre todo saber aprovechar sus recursos'', según afirma el libro ''Patrimonio Cultural y Natural de Europa'', elaborado por Carlos Otero, Tony Bailey y el Instituto Ibérico para el Medio Ambiente.
El libro, recién publicado, analiza 61 ejemplos (11 de ellos españoles) de fincas en las que se combinan varias fuentes de ingresos con el mantenimiento del paisaje, lo que resulta de especial importancia porque, en general, están ubicadas en zonas de alto valor natural.
El empresario rural compatibiliza la agricultura con la recuperación de fauna protegida o la cría de animales para la caza, como ocurre en las fincas de Cabañeros (Toledo), Dehesa del Avellanar (entre Toledo, Ciudad Real y Badajoz) Dehesa de El Lobillo (Ciudad Real) ó La Garganta (Almodóvar del Campo, Ciudad Real)
En este sentido, la Cañada Real (Madrid) se ha convertido en uno de los Centros de Naturaleza ''más visitados'' y Los Quintos de San Martín (Badajoz) cuenta con más de 180 especies, según el libro.
En la explotación Gravera El Castillo (Madrid) se alterna la extracción de arenas con la recuperación de animales y para ello, se paraliza la actividad de las máquinas en períodos de cría.
Otero y Bailey mencionan fincas centenarias como la Dehesa de Los Llanos (Albacete), cuyos orígenes se remontan al siglo XVI; un siglo después, los monjes franciscanos fundaron allí un convento.
La finca de Matamala (Soria) se conoce desde el siglo XIII y, posteriormente, fue colonizada por los monjes del Temple, pero con la Desamortización de Mendizábal (a mediados del siglo XIX) este bien eclesiástico pasó a ser propiedad privada.
En Las Cañas (Sevilla), donde se produce cerdo para el jamón de ''pata negra'', los alcornoques se plantaron hace 140 años, en sustitución de viñas que sucumbieron a la enfermedad de la filoxera.
El turismo rural se ha convertido en otra salida para los empresarios agrícolas, como bien se conoce en Veta La Palma (Sevilla), en el entorno del Parque Nacional de Doñana.
Dentro del patrimonio natural europeo pueden encontrarse explotaciones como Paddais (Finlandia), que sirvió de asentamiento para un gran número de refugiados tras la II Guerra Mundial o la siciliana hacienda de San Giuliano (Italia), donde se han encontrado restos arqueológicos singulares del Imperio Romano.
Precisamente, los primeros textos legales que hablan de las propiedades agrícolas datan de la época romana, en las que se definen como ''fundi'' o ''praedia''.