ESPAÑA 11/09/2003
El reconocimiento por parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC) de las distintas denominaciones de calidad comunitarias está resultando una batalla perdida de antemano, con el consiguiente perjuicio para millones de productores que no podrán defender su patrimonio en el exterior.
La posición radical adoptada por Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Argentina, en primera línea, con el permanente apoyo de los Estados Unidos, augura un estrepitoso fracaso de un asunto en el que los países antes citados no quieren ni entrar.
La Unión Europea defiende que las denominaciones de calidad deberían formar parte de un listado multilateral que impida su producción en otros lugares lejos de su origen, ya que su utilización fraudulenta impide una mayor generación de ingresos a sus propietarios intelectuales y distorsionan el mercado.
Los representantes de Canadá acusan a la Unión Europea de ''imperialismo cultural'' y no creen que los franceses estén legitimados para ser los únicos que utilicen la palabra Champagne ni los portugueses Oporto ni los españoles Queso Manchego, por poner tres ejemplos.
Australia reivindica su derecho a elaborar quesos con distintas denominaciones de origen, pero ninguna de ellas australianas, ya que entiende que ellos son un país multicultural, con gente de diversas procedencias, que traen con ellos las tradiciones de su país de origen.
De esta guisa, fabrican ''Queso Manchego'' en la isla de Tasmania, que no procede de oveja manchega ni se alimenta de pasto seco y que en nada se parece al producto original, y algo parecido ocurre con el ''Parmesano'', el ''Roquefort'' o el ''Stilton'', aunque, eso sí, copian bastante bien el ''Mozzarela''.
Hasta ahora, los españoles han buscado soluciones a este asunto en negociaciones bilaterales que han cristalizado en acuerdos con Sudáfrica, uno de los grandes productores de ''Vino de Jerez'', mientras franceses y portugueses se desesperan con las imitaciones del Champagne o el Oporto, que en algún caso (Australia) contiene colorante.
La libertad de comercio que preconizan los países del denominado Grupo 21, antiguo ''Grupo de Cairns'', más China, India, Pakistán y Egipto, cobra su dimensión más salvaje con la imitación, mala en muchos casos, de productos que tienen un prestigio internacional, aunque nunca debiera utilizarse su nombre en vano.
La irrupción en los mercados internacionales, especialmente del vino, de nuevos países productores como Australia, Argentina, Chile o Estados Unidos, ha demostrado que no necesitan de las denominaciones de calidad para ser competitivos, ya que los mercados internacionales lo que exigen, en general, son productos estandarizados a precios asequibles, y estos países lo hacen muy bien sin necesidad de robar a otros patrimonio intelectual.
Sin embargo, todo parece indicar que la Cumbre de Cancún, igual que ocurrió en Doha (Emiratos Arabes Unidos), no va a suponer ningún cambio de posición entre las dos partes enfrentadas y la Unión Europea seguirá siendo, en este capítulo, la gran perdedora sin más derecho que el recurso al pataleo.