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EL CULTIVO DE LA CHUFA (2ª parte)
The tiger nut growing

1.Antecedentes
2.La Planta Y El Medio
3.Material Vegetal
4.Fertilización.
5.Alternativa.
6.Riegos.
7.Plagas.


 
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6. RIEGOS.

El cultivo de la chufa necesita un aporte hídrico elevado a lo largo de todo el ciclo que sólo se puede suministrar con el riego.
Una humedad suficiente del suelo estimula la tuberización, favorece el enraizamiento y la formación de bulbos basales y rizomas.
Es conveniente resaltar que en una Ha de terreno y en un espesor de 20-30 cm de suelo se encuentran unas 300-400.000 plantas que dan lugar a 20-30 millones de tubérculos, lo que requiere una humedad continuada y suficiente en el terreno.
La humedad del terreno debe ser en todo momento la controlada para el mejor desarrollo del cultivo, pues las plantas manifiestan desórdenes vegetativos tanto por falta como por exceso de humedad en el suelo.
La falta de humedad se detecta en la planta por la coloración oscura de las hojas, poca altura del tallo, insuficiente enraizamiento y hojas demasiado acogolladas sin desplegarse, llegando a necrosarse las puntas.
Por contra, el exceso de humedad se manifesta por una clorosis y encamado precoz, podredumbre de hojas y cuello de la planta y formación de tubérculos de tipo más alargado. 




En el ciclo vegetativo de la chufa existen unas épocas en las que el aporte hídrico debe ser perfectamente regulado por el riego. Una de ellas es los primeros momentos del ciclo vegetativo de la planta; así, el primer riego de cultivo, en las siembras de sazón, debe darse cuando la planta tenga como mínimo 15-20 cm de altura, o sea, unas 10-12 hojas (la planta alcanza este desarrollo a los 25-30 días de la plantación). Si se realiza antes, el suelo se compacta, la planta amarillea y enraíza mal. En cambio, si se retrasa, el crecimiento se atenúa, aunque no se perjudica el desarrollo posterior de las plantas. Los últimos riegos conviene retrasarlos hasta que la planta haya agostado el follaje, debiendo ser abundantes para favorecer el engorde del tubérculo. Si se produce un encamado precoz del cultivo (julio), conviene espaciar los riegos hasta 20-30 días incluso para conseguir que se refuercen los tallos y ofrezcan una mayor resistencia al vuelco.
Por el tipo de suelos de su zona de cultivo (franco-arenosos), la chufa exige un riego continuo, con turnos muy cortos para mantener la sazón.
Las fases vegetativas en que las plantas precisan de mayores aportes hídricos son: durante el ahijamiento (junio-julio) y en la tuberización (septiembre).
La chufa requiere una humedad continuada en el terreno desde junio hasta septiembre, o sea, a lo largo de todo su período de vegetación activa, con un período punta durante los meses de julio y agosto.

Los turnos de riego más recomendables pueden concretarse de la siguinte forma: 

- Junio: cada 10 días.
- Julio-agosto: cada 8 días.
- 1 de septiembre-15 de octubre: cada 10-12 días. 

El tipo y época de plantación, fisiología de la planta, condiciones climatológicas, etc., modifican estos turnos, y en la práctica el número total de riegos que se realizan al cultivo puede estimarse en 14 para las plantaciones con suelo seco y 11 en las del terreno de sazón, según el siguiente cuadro:

Número de riegos en el cultivo de la chufa:
Meses Plantación en seco Plantación de sazón
Mayo 1 riego no se riega
Junio 2 riegos 1 riego
Julio 4 riegos 3 riegos
Agosto 4 riegos 4 riegos
Septiembre 3 riegos 4 riegos
TOTAL 14 riegos 11 riegos

El riego tradicional de cultivo es el de "inundación por surcos" en que se abren las compuertas de la acequia de riego y el agua circula lentamente por los surcos hasta que llega al final de la parcela, momento en que se cierra la compuerta. De esta forma se consigue que el agua alcance como máximo la mitad de la altura del caballón, con lo que el resto del mismo queda mojado por capilaridad.
El volumen de agua necesario para el riego del cultivo puede estimarse en 500-700 metros cúbicos por hectárea y riego. 

Los riegos de junio-julio se realizan con los caudales más pequeños. A partir del agostado de las plantas (5-10 agosto) se utilizan mayores caudales, pues el encamado dificulta la circulación del agua.
El riego debe darse muy lentamente para que el suelo se empape bien y no se produzca roturas de los caballones. El nivel del agua no debe sobrepasar la mitad de la altura del caballón, para evitar problemas de pudriciones de tubérculos.
Al final del cultivo, cuando la planta se encama, inevitablemente se producen algunos desbordamientos de agua y compactaciones del suelo que deben evitarse en la medida de lo posible, con un cuidadoso manejo de los caudales de riego.
Para conseguir una perfecta distribución del agua es necesario una buena nivelación del suelo, con pendientes del 1-2% para que el agua no se embalse en la parte final del surco, ya que con ello se originaría podredumbres anticipadas en el cuello de las plantas y su encamado.
Para eliminar el exceso de agua que se acumula en la parte de la parcela es necesario construir una desagüe superficial. Cada 20-30 caballones de plantación se cierran con otro caballón circundante que recoge el agua de todos ellos y la conduce a un punto de nivel más bajo en el que se coloca un tubo recolector por el que drenará el agua sobrante y evitará la acumulación de humedades.

7. PLAGAS. 

Al ser la chufa una planta rústica, son pocos los problemas fitosanitarios que se presentan durante su cultivo. Las principales plagas y enfermedades que la afectan en la comarca de l'Horta Nord son las siguientes: 

- Barrenador (Bactra lanceslana).

El barrenador (Bactra lanceslana) es un lepidóptero (mariposa). La hembra durante el mes de mayo inicia las puestas, la eclosión de los huevos se produce en 6-10 días, penetrando a continuación las larvas en el interior de la planta. Se alimentan del tallo, durante 15-220 días, y crisalidan en su interior. Después de este estadio emerge el adulto al exterior. Presenta de 3 a 5 generaciones al año. En la fase de mayor ahijamiento y formación de brotes (mayo-junio) es cuando los ataques revisten mayor gravedad, pudiendo dañar a gran parte de la plantación. Cuando los ataques se producen hacia final del ciclo vegetativo con los tubérculos ya formados, el daño es menor.
Los tratamientos, como en todas las plagas cuyo ciclo biológico se cumple parcialmente en el interior de las plantas, deben hacerse siguiendo pautas muy concretas de época y producto.
El barrenador solamente es sensible a tratamiento durante el período que media entre la eclosión de los huevos y en el momento de su penetración en el nervio central de la hoja.
La chufa plantada precozmente es menos atacada por el insecto, ya que cuando se produce el ataque la planta está ya desarrollada y el insecto tiene preferencia por la planta tierna.
La plantación poco densa, donde la planta crece más vigorosa, es menos sensible a los ataques del barrenador al igual que las plantas espigadas con el tallo endurecido.
En la lucha química son eficaces los siguientes productos: FENTHION, METOMILO, MONOCROTOFOS, ORPIRIFOS, PERMETRIN. 

- Orugas de las hojas (Mythimna unipuncta)

La oruga de las hojas (Mythimna unipuncta) es un lepidóptero que aparece a mediados de mayo en forma de mariposa, pone huevos en el envés de las hojas; las larvas que nacen de éstos roen las hojas.
Los daños pueden comenzar en verano y prolongarse hasta el otoño.
Lucha química: LINDANO, PARATHION, etc.
Si se trata de ataque de orugas muy desarrolladas es más adecuado utilizar cebos envenenados.

- Pulgones (Alphis sp)

Las diferentes especies de pulgones que se presentan en las hortalizas pueden atacar ocasionalmente a la chufa.
En general, el ataque no reviste importancia, ya que sólo se presentan en los primeros estadios vegetativos de la planta, cuando éstas son muy tiernas y con poca intensidad. Se controlan normalmente con los tratamientos plaguicidas que se realizan contra el barrenador. En caso de necesidad pueden aplicarse los aficidas sistémicos habituales, solos o asociados a los productos que se utilizan para el control del barrenador.


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