1. Introducción
2. Principales hongos implicados
3. Síntomas y daños
4. Métodos de control
1. Introducción
El cultivo del garbanzo tiene un papel muy importante en nuestro territorio, ya que se exporta más del 80% de la producción nacional al mercado exterior. Por tanto, es uno de los principales exportadores de esta legumbre, donde destaca su producción en la zona noroeste del país, destacando el estado de Sinaloa como el principal productor. De este modo, la importancia económica de este cultivo es incuestionable, donde su rendimiento debe ser el mayor posible y con las mínimas mermas sufridas. Sin embargo, existe una gran amenaza en los suelos cultivados como consecuencia de la principal enfermedad que lo ataca, conocida como la rabia del garbanzo. Esta enfermedad puede causar graves daños a las plantas, pudiendo afectar en ataques severos a la totalidad de la plantación. Según datos de INIFAP, las pérdidas en el rendimiento de grano ocasionadas por este fitopatógeno oscilan entre el 20% y el 70%. De ahí la importancia que supone.
2. Principales hongos implicados
De las principales enfermedades que afectan al cultivo del garbanzo (roya, cenicilla polvorienta, moho gris, mildiu,…), la rabia es la más devastadora por los efectos que provoca en las plantas. Esta enfermedad se desarrolla por la acción, sola o conjunta, de los hongos siguientes:
Estos hongos se distribuyen de forma amplia en las zonas productoras de garbanzo, encontrándose en el suelo, cuya principal forma de penetración en la planta es por la raíz, causando graves daños al cultivo. El peligro de esta enfermedad radica en que, por un lado, estos hongos son difíciles de eliminar del suelo y, por otro, que cualquiera de ellos resulta letal individualmente, más aún si se asocian sus efectos.
Su actividad puede manifestarse en cualquier etapa del ciclo de cultivo, más aún, en algunas etapas concretas con mayor severidad, dependiendo del tipo de hongo que actúe. Así, Rhizoctonia solani ataca preferentemente en estado de plántula, Macrophomina phaseolina en la madurez fisiológica de la planta y los géneros de Fusarium y Sclerotium pueden hacerlo en cualquier momento del desarrollo del cultivo.
Estos hongos crecen bajo unas determinadas condiciones de humedad y temperatura en el suelo. Si dicha humedad es superior al 25%, la pérdida del cultivo puede ser casi total. El ataque de Fusarium se ve favorecido por temperaturas comprendidas entre 24 º y 27 º C. El control de esta enfermedad resulta complicado, aunque se ha observado que en suelos fertilizados la mortalidad de las plantas es menor.
3. Síntomas y daños
Hemos comentado anteriormente que esta enfermedad se debe a la acción, individual o combinada, de una serie de hongos. A continuación, vamos a tratar los efectos que provocan estos hongos en las plantas.
Fusarium oxysporum sp. ciceri (marchitez ascendente)
Los síntomas comienzan con una clorosis en las hojas de la parte baja de la planta, de color amarillo opaco que posteriormente cambian a brillante. Esta clorosis tiene un sentido ascendente, pudiendo afectar a la totalidad de las hojas, en cuyo caso acabaría con la muerte de la planta. Al realizar un corte transversal en el tallo se observa un anillo de color marrón oscuro que rodea a la médula (parte central interna) de apariencia sana. Este color oscuro se debe a la necrosis de los vasos conductores del xilema.
Fusarium solani (marchitez descendente)
Esta marchitez se inicia con un cambio de color verde oscuro a verde claro en las hojas superiores de la planta. Además, se observa una flacidez o pérdida de turgencia de las hojas en sentido descendente que culmina con la muerte de la planta. En un corte transversal del tallo se aprecia la médula (o parte central) con un color oscuro como consecuencia de la necrosis de los vasos conductores que forman el floema.
Ambos hongos causan el mayor número de plantas muertas en las primeras etapas de desarrollo y al inicio de la floración, aunque como se comentó anteriormente, pueden aparecer en cualquier momento del cultivo.
Macrophomina phaseolina (pudrición carbonosa)
Generalmente aparece en plantas cuyo desarrollo coincide con períodos cálidos y secos. Las plantas afectadas se secan por completo, adquiriendo un color más pálido tanto las hojas como el tallo. En ocasiones, pueden presentar un color más oscuro, debido a la invasión del hongo. Al arrancar una planta enferma, ésta se desprende con facilidad como consecuencia de la pudrición del sistema radicular. Al realizar un corte longitudinal del tallo se observa una coloración oscura de todo el tejido y, en su interior, unos puntos negros llamados microesclerocios, que son las estructuras de supervivencia del hongo.
Sclerotium rolfsii (pudrición sureña)
El ataque de este hongo provoca la marchitez de las plantas, las cuales sufren un afinamiento de la raíz principal. Cuando el estado de infección es más avanzado, presentan una pudrición o ahogamiento en la base del tallo. En los períodos de floración y llenado de grano, la planta se seca y no tira las hojas. También puede observarse, en la parte del tallo afectada o en el suelo alrededor del mismo, un tejido fibroso con gránulos. Éstos pueden ser de color crema o pálido cuando están inmaduros y de color café oscuro cuando maduran.
Rhizoctonia solani (pudrición radicular)
Principalmente causa la muerte de plántulas, aunque la existencia de condiciones de alta humedad en el suelo hace que este hongo pueda afectar a plantas en estados más avanzados (30 – 40 días). El síntoma principal es una lesión alargada de color marrón-rojizo en la raíz.
4. Métodos de control
Combatir esta enfermedad resulta un tanto difícil debido a la complejidad de los organismos que la causan. Por esto, su control debe plantearse como un manejo integrado donde se compaginen las actuaciones culturales, biológicas y las aplicaciones de productos fungicidas.
Labores culturales
Se pueden llevar a cabo una serie de actuaciones preventivas y de manejo que pueden resultar útiles para luchar contra esta enfermedad. Algunas son:
Aplicaciones con productos biológicos
La aplicación al suelo de microorganismos antagonistas, como es el caso de Trichoderma spp. contra Fusarium, puede resultar una medida preventiva muy útil.
Tratamientos fungicidas
El uso de semilla tratada con algún producto específico puede ser una buena herramienta. Los productos utilizados estarán en función de los hongos presentes en el suelo, determinados mediante un análisis previo.
También pueden aplicarse fungicidas vía riego, los cuales se recomienda que sean sistémicos, así como específicos de la enfermedad a tratar.
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