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Fertilización del ajo: recomendaciones clave para una nutrición equilibrada y mayor rendimiento

Cómo ajustar el abonado del ajo mediante una nutrición balanceada, análisis de suelo y manejo adecuado de macro y micronutrientes para mejorar la sanidad y productividad del cultivo.

Hortícolas extensivos

icono foto fertilizacion del ajo  recomendaciones clave para una nutricion equilibrada y mayor rendimiento

1- Necesidad de una nutrición balanceada
2- Recomendaciones para una correcta fertilización


1- Necesidad de una nutrición balanceada

El proceso de nutrición vegetal no consiste únicamente en suministrar nutrientes a los cultivos, con la mentalidad (errónea) de “cuanto más mejor”. A pesar de la importancia que tiene aportar una buena cantidad de nutrientes a las plantas cultivadas para conseguir un óptimo desarrollo, también resulta fundamental que el crecimiento de las mismas sea moderado y correcto, evitando un exceso desmesurado de vigor, por los problemas que ello acarrea.

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Por tanto, es realmente importante llevar a cabo una gestión razonable de los fertilizantes que se limite a satisfacer las necesidades específicas del cultivo. En este sentido, una nutrición balanceada (o equilibrada) es fundamental para mantener un estado de sanidad constante a lo largo de todo el ciclo.

De sobra son conocidos los problemas que supone un aporte de abonos nitrogenados excesivo y continuado (mantenido más allá de la formación de los bulbos), los cuales afectan especialmente a la calidad de la cosecha y además pueden provocar anomalías o malformaciones como el escobeteado. Sin embargo, tampoco se puede olvidar que una planta excesivamente vigorosa, demasiado tierna o sobradamente desarrollada, también será claramente más susceptible al ataque de plagas y enfermedades.

Una planta enferma es el resultado de la interacción entre el hospedante, el patógeno y las condiciones ambientales (bióticas y abióticas). A este respecto, se ha reconocido el efecto que tiene la nutrición mineral sobre las enfermedades de las plantas, de ahí la importancia de que ésta sea balanceada, estando influenciada por las cantidades aportadas, los tiempos y las formas de aplicación de los fertilizantes, factores que resultan claves en la expresión del rendimiento potencial de los cultivos (Katan, 2009).

No obstante, el nitrógeno no es el único elemento a considerar en el ajuste de la fertilización, todos los nutrientes, tanto macroelementos como microelementos, deben ser ajustados correctamente para obtener un desarrollo equilibrado de las plantas, siendo pertinente equilibrar todo el programa de fertilización.

En este sentido, hay algunas acciones que resultan muy útiles para realizar dicho ajuste de una manera eficiente, las cuales permitirán un aporte adecuado de fertilizantes, así como un ahorro del mismo, ya que no será malgastado dosificándolo en exceso. Dicho ajuste se antoja trascendental si tenemos en cuenta que el ajo es un cultivo que puede responder de forma favorable o desfavorable a la aplicación de fertilizantes, al ser una planta muy sensible, tanto a los excesos como a las deficiencias de nutrientes (Zamora, 2016).

La primera sería realizar un análisis del terreno de cultivo, previo a la siembra, para conocer la cantidad de cada uno de los nutrientes presentes en el suelo que pueden estar a disposición de las plantas. En este caso, conociendo las necesidades nutricionales medias del ajo se puede llevar a cabo un abonado anterior a la plantación que complemente las cantidades que ya posee.

Igualmente, analizar el agua de riego también supone una información importante, ya que los nutrientes que ésta contiene son tenidos en cuenta en la preparación de la solución nutritiva. Esta medida es más apropiada para sistemas de riego por goteo, aunque en riego por gravedad tampoco está de más conocer la riqueza nutricional del agua con la que se riegan los cultivos.

Otro aspecto que resulta fundamental es el conocimiento de la demanda nutrimental del cultivo en sus diferentes etapas fenológicas. A este respecto, la tabla muestra las extracciones totales de los principales elementos nutritivos para producir 10 toneladas de ajo por hectárea, reportadas por Burba (1992).

Tabla. Extracción de nutrientes del cultivo de ajo para un rendimiento de 10 t · ha-1 (Burba, 1992).
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Como se puede apreciar, la demanda de nitrógeno y potasio es elevada por parte de las plantas, la de azufre también es significativa, mientras que las de fósforo, calcio y magnesio son relativamente bajas, especialmente si se comparan con los dos primeros elementos.

Por lo tanto, los resultados del análisis de suelo y agua, así como el conocimiento de la demanda de nutrientes por parte del cultivo son la base para preparar los programas de fertilización, no sólo en las plantaciones de ajo, sino en todos los cultivos. Estos programas se ajustan o corrigen sobre la marcha, con base en los resultados de los análisis foliares y de la solución del suelo (Castellanos et al., 2006).

2- Recomendaciones para una correcta fertilización

Hemos visto cómo pueden ajustarse las cantidades de elementos nutritivos necesarios para el cultivo. A continuación, vamos a exponer una serie de aspectos fundamentales y recomendaciones en lo referente a la fertilización del ajo.

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  • El consumo de fertilizantes no es siempre el mismo, éste va a variar en función de factores como el tipo de suelo, el manejo del cultivo, la densidad de plantación, las condiciones climáticas y la variedad utilizada (Andreoli et al., 2008; Lipinski, 1997; Lipinski y Gaviola, 2005).
  • La absorción de los nutrientes por las plantas de ajo es constante, pero no uniforme durante el ciclo del cultivo, ya que varía de acuerdo con la etapa de desarrollo (Castellanos et al., 2000). En este sentido, es conveniente realizar algunas determinaciones del crecimiento de la planta, así como análisis de savia, a fin de que sirvan de apoyo al cálculo de los fertilizantes.
  • Durante los primeros días, la planta se alimenta de las reservas que tiene el diente de ajo que se ha usado como semilla, por lo que la absorción de nutrientes es reducida. Para compensar esto, se recomienda realizar un abonado de fondo para que el cultivo tenga disponibilidad suficiente en el suelo desde el momento en que se terminen dichas reservas de la semilla.
  • Aprovechando las labores de rayado del suelo, se puede realizar una fertilización de fondo que favorezca el desarrollo vigoroso del cultivo desde el inicio del ciclo, logrando así una ventaja con respecto a los cultivos donde la primera fertilización no ocurre hasta que se ha establecido el mismo.
  • Suelen establecerse dos épocas de aplicación del fertilizante en el cultivo del ajo: La primera se realiza en el momento de sembrar o antes del primer riego de auxilio y la segunda de 50 a 60 días después de la primera.
  • Existen diversas teorías en lo que respecta a esta primera aplicación de una fracción del fertilizante total aportada al suelo. Reveles – Hernández et al. (2009) recomiendan en siembras en surcos a doble hilera de plantas y con riego por gravedad, que se aplique todo el fósforo, la mitad del nitrógeno y la mitad del potasio durante la siembra o inmediatamente después de la nascencia, aportando el resto del nitrógeno y el potasio 60 días después de la primera fertilización, pero nunca después de iniciada la formación de bulbos.
  • En base a trabajos de investigación realizados en el Campo Experimental Zacatecas en el cultivo del ajo, empleando fertirrigación mediante el sistema de goteo, se recomienda aplicar la fórmula de fertilización cuyo equilibrio es: 250 N - 100 P - 265 K - 120 Ca (Bravo y Echavarria, 2003).
  • Dependiendo del tipo de suelo, Zamora (2016) estima que la fertilización nitrogenada pudiera ser de 120 a 240 kg de N por hectárea y de 60 a 80 kg · ha -1 de fósforo, pudiendo ser aportados zinc y calcio, en caso requerido, mediante aplicaciones de sulfato de zinc y superfosfato triple de calcio, respectivamente.

En cuanto al riego, si es por gravedad, el número de aplicaciones dependerá del tipo de suelo y de la presencia de lluvias durante el desarrollo de la planta, siendo suficiente con 6 riegos en los suelos franco-arcillosos, 7 – 8 en los de textura media como son los arcillo-arenosos, 9 – 10 en los suelos franco-arcillo-arenosos y para suelos franco-arenosos el número de riegos se extiende hasta los 11 – 15 por ciclo. El último riego debe aplicarse a los 15 – 20 días antes de la cosecha (Zamora, 2016).

Para concluir, hemos podido comprobar que existe una cierta diversidad en cuanto a las dosis de fertilizantes, según cada autor, algo que resulta perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que las cantidades de los distintos abonos no son estándar, sino muy específicas, haciendo las posibles combinaciones infinitas, debido a que cada programa de fertilización (fertirrigación) está en función de numerosos factores como tipo de agua o de suelo, condiciones ambientales, manejo del productor, cultivo anterior, densidad de siembra, estado fenológico del cultivo, etc.

Autor: Dpto. Agronomía Infoagro


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