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PLAGAS Y ENFERMEDADES DEL OLIVAR (1ª parte)

1. Plagas
1.1. Mosca Del Olivo (Dacus Oleae)
1.2. Barrenillo (Phoeotribus Scarabeoides)
1.3. Prays Del Olivo (Prays Oleae)
1.4. Algodón Del Olivo (Euphyllura Olivina)
1.5. Cochinilla De La Tizne (Saissetia Oleae)
2. Enfermedades
2.1. Repilo Del Olivo (Cycloconium Oleaginym Cas.)
2.2. Aceituna Jabonosa (Gloeosporium livarum)
2.3. Escudete (Macrophoma Dalmática)
2.4. Tuberculosis Del Olivo (Pseudomonas Savastonoi)
3. Bibliografía

 
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2. ENFERMEDADES.

2.1. Repilo del olivo (Cycloconium oleaginym Cas.)

El repilo es una enfermedad producida por el hongo Cycloconium oleaginum y está considerada como la micosis del olivo más extendida en todas las regiones de España y en el resto de los países olivareros. La consecuencia más importante la constituye la intensa defoliación del arbolado, con el consiguiente debilitamiento y la disminución de la productividad.

A) Síntomas y daños.

El síntoma más característico es la aparición en el haz de la hoja de unas manchas circulares de tamaño variable y coloración llamativa. Inicialmente estas lesiones son de color oscuro, pero al poco tiempo se rodean de un halo amarillento y la zona central de la mancha toma una tonalidad también amarilla. Posteriormente vuelve a oscurecerse, al desarrollarse sobre ella los cuerpos fructíferos del hongo (conidias). 

En ocasiones la lesión presenta un tono blanquecino, debido a la separación de la cutícula y la epidermis. El desarrollo de manchas en el haz no se corresponde con manifestaciones similares en el envés, donde sólo se aprecian algunas veces zonas ennegrecidas intermitentes a lo largo del nervio central.

Son menos frecuentes las lesiones producidas por la enfermedad en el peciolo de las hojas, al pedúnculo del fruto y en el fruto. En este caso las manchas son de tonalidad pardo oscura y de forma alargada.

Como consecuencia de estas lesiones foliares se produce una caída importante de hojas, lo cual se aprecia claramente en el arbolado y, sobre todo, en las ramas bajas, que son las más afectadas por la enfermedad y que pueden quedar totalmente defoliadas. Cuando la lesión está localizada en la zona peduncular del fruto, lo cual no es muy frecuente, éste cae prematuramente, acompañado de un trozo de pedúnculo.

B) Biología.

El hongo sobrevive en periodos desfavorables para su desarrollo en las hojas caídas y en las hojas afectadas que permanecen en el árbol, pudiéndose propagar la enfermedad durante todo el año, pero los periodos más frecuentes de infección son septiembre - noviembre y febrero - abril.

El ciclo evolutivo del repilo tiene cuatro fases bien diferenciadas:

a) Germinación. Necesita agua libre sobre la conidia y sobre la zona de penetración en el tejido receptor y temperaturas comprendidas entre 8 y 24º C, con una temperatura óptima de 20º C.

b) Infección. Después de la penetración se desarrollan los micelios del hongo que crecen inter e intracelularmente en la cap de células epidérmicas más externas y siguen su contorno. Las primeras infecciones coinciden con el periodo de lluvias del final del verano o principios de otoño, momento en el que se desarrolla inicialmente la enfermedad a partir de las conidias que han sobrevivido al verano.




c) Esporulación.
La constituye la aparición en el exterior de la hoja de los cuerpos fructíferos o conidias, que propagarán la enfermedad.

d) Diseminación. Las conidias se dispersan casi exclusivamente por la lluvia, de aquí que las excesivas infecciones tengan lugar preferentemente en sentido descendente en el árbol y que las zonas bajas sean las más afectadas.

C) Medidas recomendadas para su lucha.

Dada la diversidad del olivar español, la estrategia general de prevención y lucha puede variar según las distintas zonas, por lo que se aconseja seguir las indicaciones de la Estación de Avisos correspondiente.

Medidas Culturales:

Dada la gran importancia que tiene la elevada humedad ambiental y el agua libre en el desarrollo de la enfermedad, son recomendables aquellas medidas culturales que favorecen la aireación y reduzcan la condensación, como son las podas que eviten copas densas y muy pobladas. En zonas endémicas es recomendable la elección de las variedades menos susceptibles a la infección: Acebuche, Zorzaleña, Lechín, Picual, Hojiblanca, Manzanilla, Gordal, Cornicabra.

Lucha Química:

Los momentos óptimos de tratamiento corresponden a los dos periodos clásicos del final del verano o principios de otoño y de final de invierno.
En variedades sensibles o zonas endémicas, con infecciones de repilo en verano elevado (más del 30-40% de hojas infectadas), es necesario tratar antes que se produzcan lluvias de final de verano o inicio de otoño y repetir este tratamiento en la primavera siguiente.

Si la infección de verano fuera baja (menos del 10% de hojas afectadas), el tratamiento puede demorarse hasta la aparición de nuevas manchas esporuladas en las hojas y con sólo esta aplicación suele ser suficiente para prevenir la enfermedad.
Dado que los tratamientos son preventivos, es necesario mojar con el caldo fungicida muy bien toda la masa foliar del árbol y preferentemente las zonas bajas e interiores, que es donde más frecuentemente se desarrolla la enfermedad. 

Productos fungicidas: Caldo Bordelés, Oxicloruro de Cobre (50% Cu), Oxicloruro de Cobre (37,5%) y Zineb (15%) , Oxido cuproso (50% Cu), Captan, Captafol, Ziram, Benomilo (sistémico con propiedades curativas), etc.

Hay algunas medidas que pueden contribuir a la eficacia de la lucha contra el repilo y que conviene tener presentes:

a) No utilizar atomizadores ni sistemas de pulverización que produzcan gotas muy pequeñas. Una presión de trabajo recomendable es la de 40 atmósferas a la salida del tanque.
b) En tratamientos anteriores a la recolección, en otoño, no es aconsejable utilizar productos fungicidas que contengan carbamatos (zineb, maneb, etc), para evitar problemas de residuos en el aceite. El plazo de seguridad en los productos cúpricos es de 15 días.
c) No realizar tratamientos en verano, excepto en zonas muy húmedas, ya que en esta época el hongo está inactivo y conviene ahorrar productos y reducir gastos. 
d) Procurar, mediante la poda, formar copas de olivo bien ventiladas.
e) No abusar de los abonos nitrogenados, tanto químicos como orgánicos.

2.2. Aceituna jabonosa (Gloeosporium olivarum)

Es un hongo Deuteromiceto que ataca fundamentalmente al fruto aunque en algunas ocasiones también puede aparecer en hojas, madera y brotes.

La invasión de Gloeosporium se suele producir alrededor del mes de septiembre. Los primeros síntomas se manifiestan mediante una mancha ocre aceitosa alrededor del punto de entrada de la infección, produciendo después conidias de color rosa, en zonas concéntricas. La infección por tanto puede producirse en frutos aún verdes o cuando cambian de color y en momentos cercanos a la madurez, en función de la variedad.

Se trata de un daño típico de años lluviosos, pues el hongo para desarrollarse necesita de una humedad relativa superior al 90 % y una temperatura alrededor de 25º C, aunque a temperaturas inferiores también se producen daños.

La germinación del hongo es muy rápida y puede completar su ciclo, en condiciones óptimas, en un máximo de 10 días. Pasa el invierno en los frutos caídos al suelo, provocando reinfecciones al año siguiente en el momento que se den las condiciones óptimas.

A) Daños. 

Tras la infección de los frutos, en las manchas provocadas aparecen unas conidias que segregan una sustancia gelatinosa de color amarillento, inicialmente y pardo después. Las partes atacadas quedan acorchadas y el fruto se momifica, estropeándose la piel. Como consecuencia la aceituna se cae, baja el rendimiento notablemente y el aceite que se produce de estos frutos alcanza una acidez muy elevada.

B) Medios de lucha.

Los productos cúpricos dan buenos resultados. El caldo bordelés al 2% o mezclas de oxicloruro de cobre al 37% más zineb al 15 % al 0,4 %, añadiendo mojante si el producto no lo lleva, son los más utilizados.
Los tratamientos son preventivos, de manera que cuando se prevea daño, se debe hacer un tratamiento en septiembre (combinado con algún otro para mosca, etc.) y repetir más adelante si hay lluvias o se trata de una zona endémica.

2.3. Escudete (Macrophoma dalmática)

Enfermedad que ataca a la aceituna, produciendo una mancha casi circular, oscura y de medio centímetro de diámetro, parecida a un escudete, de donde toma su nombre. Es típica de las aceitunas para verdeo, que al presentar estas lesiones las inutiliza para tal fin.

Las aceitunas toman a veces formas parecidas al Gloeosporium, pero las manchas se distinguen por la existencia de picnidios en forma de puntos negros, que no se confunden con los acérvulos de color rosa del Gloeosporium.

Desde el punto de vista de la calidad del aceite, los daños son los típicos de todas aquellas alteraciones que afectan a la pulpa o provocan caída de fruto, que siempre se traducen en acidez alta, sabores extraños y a veces dificultades en la elaboración.

Es una enfermedad poco extendida en general, pero si se presenta es una zona concreta o en años determinados, se recomienda actuar de la misma forma que con la aceituna jabonosa.

2.4. Tuberculosis del olivo (Pseudomonas savastonoi)

La tuberculosis está producida por una bacteria del orden de las Eubacteriales. Se trata de una alteración muy extendida en el olivar español y depende mucho de la sensibilidad varietal, entre otras causas.

La bacteria penetra en el olivo a través de heridas producidas generalmente por la poda, la recolección, el granizo o las heladas. Cuando se da alguna de estas circunstancias o la combinación de ellas y una variedad es sensible, la bacteria se extiende de un modo espectacular. La propagación se hace a través del agua de lluvia, los roces de las ramas por el viento, o los instrumentos de poda, principalmente.

A) Daños. 

La tuberculosis se caracteriza por la aparición de tumores que en un principio son pequeños, blandos, lisos y de color verde. Posteriormente se lignifican y endurecen presentando una superficie irregular, rugosa y agrietada. Su tamaño, una vez alcanzado el total desarrollo, es parecido al de una avellana, y pueden estar aislados o muy próximos unos a otros.
Cuando el ataque es fuerte puede provocar el debilitamiento y secado de muchas ramas atacadas, incluso el propio árbol. Los olivos atacados producen frutos de muy mala calidad, poca cosecha y con frecuencia la oliva cae al suelo por falta de nutrición. Los aceites obtenidos son de poco rendimiento y con sabores extraños.

B) Medios de lucha.

Hay que tomar actitudes preventivas, pues una vez instalada la bacteria en el olivar, resulta complicado y caro eliminarla.

Para la recolección es preferible no utilizar medios traumáticos como el vareo, que produce muchas heridas. Por orden de interés estaría el vibrador, cuando se pueda, o el ordeño a mano ayudado de pequeños instrumentos no traumáticos.

Al efectuar la poda se deben dejar los olivos afectados para el final, evitando transmitir la bacteria a los árboles sanos. Los instrumentos de poda deben desinfectarse pasándolos por una llama o mediante su introducción en disoluciones concentradas de sulfato ferroso.

No se debe utilizar material vegetal para multiplicación, de plantaciones infectadas.
Un método eficaz es cortar y quemar en el mismo campo todas las ramas atacadas, preferiblemente en tiempo seco puesto que la humedad favorece la infección.

3. BIBLIOGRAFÍA.

BARRANCO et al. 1998. Cultivo del olivo. Ed. Mundi-prensa. Madrid.
CIVANTOS, M. 1998. Sanidad del olivar. Vida Rural nº 70.
CUEVAS, J. 1998 (sin publicar). Guiones de Olivicultura. Universidad de Almería. Almería.
DE SABASTIÁN, R. Y CABALLERO, J.C. 1998. Gestión Agraria Integrada en olivar. Vida Rural nº 70.
M.A.P.A. 1990. Plagas y enfermedades del olivo. El Repilo del olivo. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid.
RODRÍGUEZ, F. Y BALLESTER, A. 1990. Influencia de la sanidad vegetal en la calidad del aceite de oliva. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid.


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