La Comisión Europea baraja la posibilidad de acabar con la
fiscalidad cero para el vino introduciendo un tipo impositivo mínimo para esta
bebida, según el borrador de la propuesta sobre impuestos especiales (accisas)
del alcohol.
Los servicios del Ejecutivo comunitario proponen fijarlo en 13,92 euros por
hectolitro a partir del 1 de enero de 2003 (para el vino con un contenido alcohólico
medio del 12%) y de 15,01 euros por hectolitro a partir del 1 de enero de 2007,
según precisa el borrador.
La Comisión Europea también podría plantear que se revisen de manera automática
los tipos impositivos mínimos que se aplican a las bebidas alcohólicas para
vincularlos a la tasa de inflación.
Fuentes comunitarias se mostraron, sin embargo, cautelosas al respecto y
aseguraron que aunque hay varios borradores de la propuesta circulando en
Bruselas, el Ejecutivo comunitario "no ha tomado todavía ninguna decisión
al respecto".
El comisario europeo de Fiscalidad y Mercado Interior, Frits Bolkestein,
presentará próximamente su propuesta para modificar las reglas que se aplican
en la Unión Europea en materia de accisas sobre el alcohol y las bebidas alcohólicas.
Actualmente está en vigor la directiva comunitaria de 1992 por la que se
establece tipos mínimos del impuesto especial aplicable a las bebidas alcohólicas,
pero que permite a los Quince aplicar tipos reducidos o exenciones a
determinados productos regionales y tradicionales.
En España, por ejemplo, no se gravan el vino y productos intermedios como los
vinos producidos en las regiones de Moriles Montilla, Tarragona, Priorato y
Terra Alta (a los que se ha añadido alcohol de manera que su grado alcohólico
volumétrico adquirido no aumente en una proporción superior al 1 por ciento
del volumen).
La Comisión Europea quiere, sin embargo, acabar con estas exenciones
introduciendo, por ejemplo, "una tasa mínima positiva para el vino".
El Ejecutivo comunitario es consciente de la "fuerte controversia" que
levantará la propuesta en los países productores, pero considera que "no
están justificados" los argumentos a favor de una fiscalidad cero para el
vino que hacen referencia a sus posibles efectos beneficiosos para la salud ni
tampoco las dificultades del sector.
Bruselas rechaza también el argumento de que el vino es "un producto
tradicional y cultural" defendido por los países productores (España,
Francia, Grecia, Portugal e Italia), ya que otros Estados miembros o regiones de
la UE "podrían decir lo mismo de otras bebidas alcohólicas".
Tampoco cree necesario que se siga haciendo una distinción entre vinos
'tranquilos' y espumosos y entre otras bebidas fermentadas tranquilas y
espumosas.