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PRÁCTICAS CULTURALES EN EL CULTIVO DE TOMATE PROTEGIDO: DENSIDAD, PODA Y ENTUTORADO

Resumen.
1. Densidad de plantación.
2. Poda.

3. Tutorado.
4. Introducción a la poda y colocación de tutores en: pimiento, tomate, berenjena, melón, calabacín y judía.
5. Literatura citada.


RESUMEN

La elección de un adecuada densidad de plantación, la poda y el "entutorado" se presentan como prácticas culturales más o menos necesarias, intensas y frecuentes siendo técnicas útiles para optimizar las condiciones de cultivo en invernadero y, en consecuencia, la obtención de producciones de una mayor calidad comercial. Estas tres prácticas culturales mejoran la recpeción de luz por el cultivo, y existen estudios que demuestran que incrementos en la radiación solar interceptada por el cultivo mejoran la calidad aumentando el tamaño y peso de los frutos (Castilla, 1996), y los tratamientos fitosanitarios son más eficaces, la recolección es más rápida y por lo tanto más barata, y las enfermedades afectan menos (Jurado, 1999). Si los frutos no reciben un mínimo de radiación no tomarán el color adecuado a su estado de madurez, desmereciendo su aspecto y valor comercial.

 
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1. DENSIDAD DE PLANTACIÓN

La densidad de plantación en el cultivo de tomate, al igual que en otras hortícolas, depende de numerosos factores interrelacionados. Pero existen dos razones que explican el rango amplio de densidades que existe en este tipo de cultivo (Tabla 1), como son la amplísima oferta de material vegetal muy diferente entre sí y, por otro lado que es el único cultivo que en la práctica se adapta a muy diferentes condiciones, por ello en el Sureste español podemos encontrar producciones en cualquier época del año. Se pueden enumerar los siguientes factores determinantes a la hora de decidir la densidad de plantación y que posteriormente analizaremos de forma individual:

- Época de cultivo.
- Variedad y tipo de tomate.
- Estrategia planteada por el productor.
- Coste de la semilla.
- Tipo de invernadero.
- Otros condicionantes del manejo del cultivo (injerto, calidad del agua de riego, disponibilidad de mano de obra, etc.).

TIPO

DENSIDAD INICIAL (plantas·m-2)

DENSIDAD FINAL
(tallos· m-2)

Acostillado verde 1,5

1,5 - 2

1,5 - 2

Larga vida / Ramo 1,5

1,5 - 2

1,5 – 4*

Pera grueso

2

2

Cherry

2 - 4

2,66 – 4,5

Cherry en ramillete

1,66 - 3

3 – 3,33

Midi-Plumb

1,66

3,33

Injerto

1

2 - 3

Tabla 1. Densidades de plantación más frecuentes en función de los diferentes tipos de tomate.
(*)En condiciones de altas temperaturas (primavera tardía) y aguas de riego salinas, en tomate grueso es habitual aumentar la densidad de plantación, precisamente para evitar incidencias de BER, aunque se limite el calibre de los frutos.




Con respecto a la época de cultivo, la mayoría de los invernaderos se caracterizan por ser de climatización pasiva con el objetivo de contribuir a un mejor control de los parámetros climáticos importantes como son la temperatura y la humedad relativa en el interior del invernadero, es muy relevante la densidad de plantación que podamos plantear debido al aumento de la superficie foliar y por tanto del número de unidades evaporadoras de agua, con el consiguiente efecto sobre el cultivo. A su vez un aumento en la masa foliar, supone que los frutos estén más sombreados y colorearán mejor, evitándose en parte la incidencia de “mancha solar” o en general de las coloraciones deficientes, debido a la influencia negativa que las altas temperaturas tienen sobre la síntesis de los diferentes pigmentos en los frutos de tomate. La incidencia del “virus de la cuchara” hace que los productores opten por aumentar la densidad de plantación en épocas, en las que las poblaciones de su vector, Bemisia tabaci, son altas.
A modo de ejemplo en las plantaciones de tomate tipo cereza entre julio y septiembre se utiliza una densidad de 3 planta·m-2, mientras que a partir de esa fecha ésta se reduce hasta 2 planta·m-2; una de las razones es el peligro de infección por el mencionado virus que obliga en ocasiones a eliminar un número importante de plantas.

La densidad de plantación, como se puede apreciar en la Tabla 1, también está en función del tipo o variedad de tomate. Normalmente, en variedades con frutos gruesos es habitual colocar 1,5 y 2 planta·m-2, la densidad de plantación variará en función del calibre que se quiere obtener de los frutos. Las plantas de tomate tipo cereza tienen un menor porte, menores producciones y el calibre de sus frutos pasa a ser algo secundario, por ello las densidades son mayores, pudiendo llegar hasta 4,5 plantas o tallos·m-2 en cultivos bajo malla y en el período desde mayo a octubre. Cuando el coste de la semilla es alto, muy frecuente en algunas variedades de tomate tipo cherry para recolección en ramillete o en tipos midi-plumb, la densidad de plantación inicial se reduce, y para aumentarla se recurre a dejar desarrollarse a los tallos secundarios. Siempre los tallos secundarios elegidos serán los que se sitúan inmediatamente debajo del ramillete, por ser los más vigorosos.

Cuando hablamos de estrategias seguidas por el productor hacemos referencia a la posibilidad de hacer en la campaña agrícola dos cultivos de ciclo corto o uno de ciclo largo. En el primero de los casos nos interesará agrupar más la producción, al tiempo que es prioritaria la producción precoz, para ello la densidad de plantación será superior, despuntándose la guía principal de la planta con el objetivo de limitar el ciclo de cultivo mejorando a la vez la calidad de los frutos de los últimos ramilletes.

El injerto en las plantas de tomate, es una práctica cada vez mas extendida, debido al alto coste de la operación automáticamente se asocia a una densidad inicial de plantación más baja, aspecto contrarrestado como anteriormente se indicó, con la práctica de no eliminar tallos secundarios. La precocidad disminuye en éste caso, aunque se mejora la producción final e incluso el calibre.

2. PODA

La poda es una práctica cultural utilizada para obtener plantas equilibradas y vigorosas, y a su vez buscar que los frutos no queden ocultos entre el follaje y mantenerlos aireados y libres de condensaciones. Sin embargo la poda no debe ser excesiva porque los excesos de radiación solar pueden provocar en el fruto el llamado “golpe de sol”, afectando negativamente a su calidad y, la eliminación de masa foliar supone una reducción de la cosecha tanto mayor, cuanto mayor era el nivel de defoliación (Muro et al., 1994).


Figura 1. Deshojado basal de una planta de tomate dejando los frutos al descubierto
.

Según las ventajas enunciadas, la poda se presenta como una alternativa para la obtención de frutos de mayor calidad. La poda mas extendida consiste básicamente en formar la planta dejando solamente un tallo principal, es la operación cultural que en tomate supone eliminar todos los tallos secundarios que se desarrollen en la axila de las hojas y así sucesivamente hasta el final del cultivo. Preferiblemente se eliminarán con menos de 5-6 cm de longitud, si se quiere que la tarea sea ágil y poco costosa a la vez que se limitan las heridas por dónde es muy fácil la infección por Botrytis cinerea , que en condiciones favorables para el hongo puede llegar a ser un problema grave. Para Serrano (1996), una de las ventajas que ofrece la poda es el aumento de la ventilación en las partes bajas de la planta, eliminando los excesos de humedad que favorecen los ataques de enfermedades criptogámicas. Sin embargo, supone un aumento del gasto en mano de obra y, por otra parte, la excesiva manipulación supone un mayor riesgo en la transmisión de virus y, las heridas ocasionadas en la labor de poda sirven como puerta de entrada a microorganismos patógenos (Agulla, 1998).

El deshojado basal de la planta tradicionalmente ha consistido en eliminar las hojas inferiores cuando los frutos de los primeros ramilletes empiezan a virar de color; continuándose a medida que la maduración va afectando a ramilletes superiores.


Figura 2. Ramillete de tomates con frutos en diferentes estados de madurez
.

Normalmente los ramilletes ya recolectados deben ser eliminados para evitar posteriores desarrollos florales que producen frutos de baja calidad (Escobar et al., 1995). Existen algunos problemas en esta práctica que merece la pena destacar:

- Es una operación costosa y en ocasiones puede provocar el quebrado de numerosos ramilletes.
- Durante el período en el que se está desarrollando el fruto si se quiere evitar el sombreado excesivo del mismo, no se consigue de ésta forma; por lo que puede que no se limite la incidencia de Blotchy-ripening y/o acorchado interno de los tejidos de los frutos.
- No se consigue una buena aireación en la parte inferior de la planta, aspecto a tener en cuenta en el control de Bemisia tabaci, oidio e incluso mildiu que afecta a hojas inferiores y tallo en los cultivos con vegetaciones muy densas.

Por estos motivos, es aconsejable en cultivares de gran porte disminuir la masa foliar eliminando determinadas hojas con antelación. Como norma se aconseja eliminar todas las hojas inferiores hasta el primer ramillete, cuando la planta tenga tres racimos, pudiéndose incluso suprimir una hoja intermedia entre cada dos ramilletes a partir del cuarto o quinto (Figura 3). Es recomendable suprimir hojas escondidas, por interceptar éstas menos radiación solar, a la vez que se evitará eliminar hojas que sustentan un racimo porque de lo contrario se desgajará. En períodos de altas temperaturas es desaconsejable la práctica expuesta anteriormente, porque nuestro objetivo se convierte en mantener los frutos sombreados buscando una adecuada coloración.


Figura 3. Detalle del deshojado parcial: sistema de eliminación de una o dos hojas intermedias en  plantas de tomate.

El pinzado o despunte de los ramilletes es una operación aconsejable si se desea limitar el número de frutos, ya sea por exigencias del mercado o por la necesidad de mejorar el calibre. Esta practica es mas frecuente en los tomates de pequeño tamaño, tipos cherry, que crecen en racimos muy densos y ramificados, pudiendo dar un elevado numero de frutos que determina una baja calidad, tanto en calibre, acumulación de sólidos soluble, azúcar, ácido ascórbico, firmeza, características organolépticas, etc., en general a los parámetros comerciales de calidad (Weston et al., 1997). Además hay que tener en cuenta que un 10% de la producción es no comercial (Escobar et al., 1995). En el tomate en racimo, el fruto suele ser mas pequeño y de menor contenido en elementos nutritivos por lo que al quitarle un fruto al cuajar se consigue una mayor calidad (Cockshull y Ho, 1995). El interés de eliminar frutos es conseguir un racimo homogéneo. Normalmente se elimina el primer tomate del racimo porque puede acabar sobre- maduro, lo que depreciaría al racimo. También se eliminan los últimos tomates del racimo, por ser estos de menor tamaño y color verde, equilibrando el racimo (Hoyos, 1996). Trabajos realizados en tomate cherry con dos tipos de poda del ramillete (a 1/3 final y 2/3 final del ramillete) y en dos ciclos productivos se comprobó que la producción disminuye, y los ramilletes son más homogéneos con el tratamiento de poda, sin embargo los parámetros de calidad aumentan considerablemente con el pinzado de los ramilletes (González, et al., 2000). El pinzado de ramilletes deberá hacerse pronto, en cuanto el último fruto que vayamos a dejar haya cuajado. Con esta operación se mejora la calidad de la producción a la vez que se evitan los frutos sobremaduros en racimos en los que no se suprimió ningún fruto y que resultan ser excesivamente largos, e incluso es más laboriosa su manipulación en almacén. En tomate carnoso no se aconseja sobrepasar los siete frutos, mientras que en tipo cereza oscilará entre los ocho y catorce dependiendo de la época.

Autores:
María del Carmen Salas Sanjuán1; Juan Jesús Berenguer Fernández2; José Luís Montero Pascual3.

1. Departamento de Producción Vegetal de la Universidad de Almería.
2. Colaborador de la Estación Experimental la Nacla Caja Rural de Granada.
3. Espacios y Paisajes, S.L.


 

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