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INDICADORES SOCIALES DE LAS UNIDADES PRODUCTIVAS PARA EL DESARROLLO RURAL EN ARGENTINA
Social Indicators for the Rural Development in Argentine

1. Introducción
2. Referencias a un modelo de Desarrollo
3. Ruralidad y “Nueva Ruralidad”
4. Los sistemas productivos como ejes de ruralidad
5. Contenidos de la sustentabilidad social
6. Atributos de las unidades sustentables
7. Generando futuro
8. Exploración de indicadores de sustentabilidad rural/social
9. Agricultura Familiar
10. Agricultura familiar y Desarrollo
11. A modo de conclusión
12. Bibliografía

 
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1.-Introducción

Como respuesta a las externalidades negativas detectadas en la llamada “revolución verde”, hacia fines de los años 70, se instaló el paradigma de agricultura sustentable. Con más claridad, fue ratificado en los años siguientes (WCED, 1987), ya en el marco más amplio del Desarrollo Sustentable. Estos conceptos fueron evolucionando y creciendo, con el tiempo. En el ámbito agropecuario se reconocieron, inicialmente, los factores ambientales y económicos. Posteriormente se introdujeron los componentes social e institucional (MSA, 2005), pero con menor difusión relativa.

El criterio fuerte de sustentabilidad remite a los cuatro factores, en forma simultánea y equivalente. No es casual que el tema social sea el más soslayado, dado que no puede eludir definiciones de alta sensibilidad política, en la mayoría de los casos. En este trabajo pretendemos enfatizar esta vía de análisis y su implicancia estratégica en el medio rural y nacional.

El contexto conceptual de la propuesta no se alejará de las siguientes premisas. En primer lugar, aceptar que el fin del Desarrollo es el ser humano, con todo lo que ello implica. En segundo lugar, seleccionar el “Capital Social” como sustento de las estrategias de Desarrollo (Solis Araya, 2000), teniendo en cuenta que “contribuye al fortalecimiento de las comunidades y a la potenciación de las otras formas de capital” (Chiappe, 2002). Por último, más allá de ejercer una perspectiva sistémica, focalizaremos la atención -metodológicamente- en los sistemas productivos del campo. Los objetivos del presente estudio, incluyen los siguientes puntos:

1) Recrear criterios y contenidos de sustentabilidad social en el medio rural.
2) Analizar atributos de unidades productivas, en relación a esos contenidos.
3) Seleccionar indicadores relevantes para ponderar dichas unidades.
4) Asociar un perfil de ruralidad con el Desarrollo.

2.- Referencias a un modelo de Desarrollo

En lo ecológico admitimos el impacto de la emisión de gases, con efecto invernadero, porque conocemos el modelo global de cambio climático. De igual forma, en lo social, no se puede ponderar indicadores sin la referencia a una estrategia de desarrollo local / nacional o global. Desde los años 80 asistimos a la declinación del rol del Estado en el medio rural, como respuesta al avance neoliberal, consolidado en el Consenso de Washington (1990) (Decisión de organismos financieros internacionales sobre el control de la inflación, liberalización comercial, reducción del déficit del sector público y privatización de las empresas del Estado). Esto derivó, en Latinoamérica, hacia un dinámico crecimiento de la agricultura comercial, con sesgo altamente agro-exportador. La Argentina fue un alumno aplicado en estos procesos, aún vigentes. Más allá de la modernización y el crecimiento económico (macro), el modelo afecta negativamente al capital social, la equidad en el desarrollo humano y el ambiente del sector.

Dado que en nuestro país no existe un proyecto de Desarrollo, resulta necesario imaginar esta instancia a partir de una descripción esquemática, distinta al actual “pacto productivista” rural (Albaladejo, 2004). Todo esquema, suele no ser realista, pero cumple una función didáctica no despreciable. Como escenario prospectivo, que no pretende ser neutro, “puede proveer un marco de referencia común para permitir el mapeo e identificación de las preocupaciones críticas y alternativas entre grupos de interés, así como un foro para discusiones y debate” (Gallopin, 2004).

En las opciones siguientes se reconocen las ventajas de un determinado balance o complementación en varios conceptos. Sin embargo, la preeminencia de cada uno, define modelos referenciales diferentes. La lista no es extensiva, pero se estima suficiente, a los propósitos del presente trabajo (Tabla 1).

Tabla 1 Énfasis diferencial de gestión, según modelos de Desarrollo rural.

Concepto Modelo actual Modelo alternativo
Pensamiento Lineal Sistémico
Abordaje Parcial Holístico
Visión Corto plazo Mediano y largo plazo
Objetivo Crecimiento Desarrollo
Prioridad Mercado externo Mercado interno
Atención Urbana Urbana y rural
Sistema productivo Especializado Diversificado
Estrategia Competitividad Multifuncionalidad
Perfil sector Productivista Agroecológico
Filosofía Agronegocio Agricultura
Capital social Jerárquico Horizontal
Tecnología De insumos De proceso
Inversión Deslocalizada Local
Rentabilidad De escala De Pymes

Los escenarios que Gallopin (2004) denomina “El puma rampante” y “El nuevo camino (búsqueda emergente)”, tienen significativas coincidencias con la columna actual y alternativa, respectivamente. Esta última exhibe los mayores componentes de viabilidad, con énfasis en lo ecológico-social. El criterio economicista que predomina en el modelo actual, no contabiliza los costos sociales y ecológicos, de mediano y largo plazo. A partir de este enfoque reduccionista se pueden hallar varias causas que limitan la sustentabilidad de este paradigma (Sarandon, 2002-a).

3.- Ruralidad y “Nueva Ruralidad”

Las estrategias para promover un determinado perfil de ruralidad, no pueden soslayar su funcionalidad a determinados modelos de Desarrollo. En las últimas décadas, lo rural en Argentina se transformó en un mero espacio productivo, sin muchas más valoraciones. Por otra parte, la dicotomía cultural que se plasmó entre las sociedad urbana y rural, es muy acentuada. De hecho la población rural en nuestra vasta geografía, solo alcanza al 10 %, generando fuertes desequilibrios. Estos datos implican escollos relevantes, para una posible integración y coordinación de esfuerzos, hacia un eventual Desarrollo. Otro factor adverso, no menor, es la desestimación de los enfoques sistémicos para abordar los problemas complejos (Bonnemaire, 1994; Loewy, 2006).

Mientras tanto, la vigencia del “pacto productivista” se profundiza y “todo un vocabulario y un sistema profesional son formateados con el fin de detectar y designar estos cambios, como las innovaciones”......“en términos de cambio fundamental, de desafío, de necesidad de formación y evolución de las competencias” (Albaladejo, 2004). Tal discurso excluyente, sin embargo, subalternaliza los valores socio-culturales y ambientales, por antonomasia. Según Sili (2004), hacia fines de los 90 comenzaron a detectarse signos de un renacimiento de lo rural, auspicioso para la generación de una nueva ruralidad. Alerta el autor, sin embargo, en la necesidad de “indagar sobre el sentido de la ruralidad, su significado y sus usos, de manera que podamos avanzar sobre un concepto firme y científicamente legitimado”.

Los elementos para generar un desarrollo sustentable, desde lo rural, se basan en la construcción de una “Nueva Ruralidad”, actualmente en proceso de concientización regional. Tal criterio, generado en Latinoamérica a instancias de organismos internacionales, no ha alcanzado aun la entidad que -en su momento- logró la Multifuncionalidad en Europa (Echeverri y Rivero, 2002; Bonnal y col. 2003)

4 - Los sistemas productivos como ejes de ruralidad

La impronta de los territorios rurales no podría sustraerse de la calidad de sus sistemas productivos, por todo concepto. Desde los años noventa se viene instalando -en nuestro País- la prioridad de las cadenas productivas (o de valor), como enfoque central para el análisis, la prospectiva y aun la investigación agropecuaria. Sin desconocer la importancia de la integración vertical y sus distintos abordajes agroindustriales y agroalimentarios, aparece una omisión deliberada de los sistemas productivos. Hay que admitir que es una forma efectiva de privilegiar el producto, la productividad y la comercialización, por sobre la gente, el ambiente, el territorio o la sociedad. Un mejor balance, con la integración horizontal, sería más saludable. Periódicamente los relevamientos censales dan cuenta, para quien quiera hurgar en esos datos, sobre las consecuencias nefastas de estos procesos, en los niveles de sustentabilidad rural y urbana (Altieri y Pengue, 2005 ).

En nuestro país resulta difícil hallar estudios que jerarquicen los sistemas de producción, en investigaciones rurales. La formación agronómica y la investigación, en general han postergado -históricamente- esta materia, privilegiando el desarrollo disciplinario (Bonnemaire, 1994). Hay buenas razones para justificar la especialización creciente que observamos, sin solución de continuidad: “Sin embargo, se hace cada vez más necesario complementar la especialización con la integración” (Murray Gell-Mann, 1998).

Según Navarrete y Col. (2005) existe un campo casi inexplorado, relacionado con el diseño sostenible de agroecosistemas: “Este campo de investigación podría llevar al diseño de modelos alternativos de producción y de otras formas de pensar la agricultura...” En el presente trabajo, se proponen los sistemas productivos como ejes de la ruralidad, asumiendo su implicancia estratégica en la construcción de un desarrollo nacional: al efecto, los consideramos como unidades críticas de análisis. Un enfoque, en esa dirección, contempla una matriz de desempeño sustentable de las empresas agropecuarias, integrando todas sus componentes (Scoponi, 2004).

5 - Contenidos de la sustentabilidad social

El valor que mejor representa a la componente social de sustentabilidad es el de la Equidad, en su sentido más amplio y abarcativo. Su relación con el Desarrollo no debería ser subestimado (Plaza,1996). Sería auspicioso, también, que esta palabra se incluya entre los objetivos del siglo (no del milenio) y adquiera una significativa entidad política y práctica en la gobernanza global. La inequidad, es una fuente inconmensurable de insostenibilidad, a cualquier escala. Con toda probabilidad, es el obstáculo más fuerte para lograr la aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos ya existentes, para el Desarrollo Sostenible. El solo análisis de esta hipótesis, podría hacer una contribución valorable a lo que Gallopin y col. (2003) llaman “Economía política de la insostenibilidad”. El abordaje priorizado de este tema aparece como obvio, si tenemos en cuenta que el 20 % más rico de la población mundial absorbe el 83 % de la renta mientras que el 20% mas pobre, solo accede al 1,4 % (Held y Mc Grew, 2003).

Para Gertler (1994) citado por Chiappe (2002), la sostenibilidad es “primero y antes que nada, un tema social”. Profundizando esta aseveración, se puede afirmar que las distintas componentes del objetivo mayor remiten -finalmente- a la calidad de vida y en última instancia a la vida misma. La equidad aparece, empero, con un efecto más directo en el aspecto social. Llevado a nivel de comunidad o sociedad, adquiere una jerarquía superior a los demás atributos, en términos de su aportación al medio que conforma. Cuando el objetivo es social, la característica predial es un medio. La interfase de objetivos prediales/sociales, se aproxima al concepto de multifuncionalidad de las unidades.

La equidad social (no igualdad) se puede traducir en calidad de vida -comparable- entre los miembros de una comunidad o sociedad. Por definición, debe satisfacer demandas actuales y futuras, intra e intergeneracionales. Para lograr ambos niveles debemos trabajar, entre otras cosas, en el diseño de unidades rurales que satisfagan estas demandas y su promoción en el tiempo. Tal diseño debe ser consistente con una definida tendencia de contribución al desarrollo sustentable (Tabla 2).

La separación "intra-inter" no es neta, sino interactiva. Sirve, no obstante, para definir objetivos espacio-temporales que, oportunamente, se traducen en calidad de vida y viabilidad de las comunidades. Algunos economistas especulan sobre un probable conflicto entre la equidad intra e intergeneracional. Según el premio Nóbel de Física Murray Gell-Mann (1998), está claro que la sostenibilidad requiere acciones a gran escala orientadas a la intra-generacional, sugiriendo que a menudo hay más sinergia que conflicto, entre ambas equidades: “Las políticas que en verdad ayudan a la población rural de los países en desarrollo son mucho más compatibles con la preservación de la naturaleza de lo que se suele pretender (....) Estas incluyen -también- medidas para resolver los problemas rurales, que están causando emigraciones en masa a las ciudades, en su mayoría ya atestadas. De hecho, esta claro que la transición social debe incluir el alivio de algunos de los problemas mas graves de las megalópolis”

Tabla 2 Productos esperables de una transformación rural, con equidad social

Intrageneracional Intergeneracional
Ordenamiento territorial Cuidado ambiental
Seguridad y soberanía alimentaria Eficiencia ecológica
Empleo genuino Patrimonio cultural

 

6 – Atributos de las unidades sustentables

La producción, equidad o calidad de vida, dentro de un predio o sistema productivo, pueden lograrse de distintas formas y para distinta cantidad de gente. Pocos mecanismos, sin embargo, son funcionales -simultáneamente- al progreso del entorno regional o nacional.

El diseño de las unidades, además de la productividad, debe contemplar los costos sociales y ecológicos -a distintos plazos- en el cálculo de su rentabilidad. Obviamente, o no tanto, estos costos no son privativos de un sector de la sociedad. Esto es así, dado que los sistemas económicos son abiertos, interaccionando con la sociedad y la naturaleza. Una decisión meramente empresarial “......puede resultar ineficaz y para nada óptimo y, en el largo plazo, acaso destructiva desde el punto de vista social y global, debido al descuidado efecto acumulativo de las interrelaciones entre los sistemas abiertos” (Kapp, 1978, citado por Fernández, 2002). En estos casos podemos observar, con alta frecuencia, que las ganancias se privatizan y se socializan los costos (Sarandon, 2004).

En la tarea de conformar unidades productivas, con norte en una nueva ruralidad, deberíamos pretender al menos seis atributos, con aportes socialmente medibles (Tabla 3)

Tabla 3 Atributos que deben coexistir en un sistema rural sustentable

1) Equidad social 2) Estabilidad productiva
3) Ética productiva 4) Eficiencia ambiental
5) Eficiencia espacial 6) Eficiencia agronómica

Aunque todos aportan a un Desarrollo rural (no a una política agropecuaria), cada uno tiene una gravitación conceptual propia. La Equidad social fue descripta con amplitud en la sección 5, por considerarla el núcleo duro de la sustentabilidad. La Estabilidad productiva se asocia más directamente con la capacidad de producir, con rentabilidad, a distintos plazos. Implica cierta vocación, profesionalidad y arraigo. La Ética productiva se asocia con diversas características de los productos, incluyendo los medios técnicos empleados en su generación. También califica en el grado de diversidad, predial o inter-predial, en cada zona o región. Sus aportes se pueden medir en salud humana, seguridad y soberanía alimentaria. La Eficiencia ambiental se basa en la eficiencia productiva, especialmente en términos energéticos. Esta performance debe ser compatible con la minimización de externalidades negativas (al ambiente). Sus efectos (aditivos) alcanzan a todos los niveles espacio-temporales. Incluye el mantenimiento de la biodiversidad. La Eficiencia espacial apunta al ordenamiento e identidad territorial, como insumo del desarrollo. Tiene proyección en el balance de población, urbano-rural, regional y nacional. Preserva, por añadidura, patrimonios culturales, mejorando las calidades institucionales y los mecanismos de representación política. Por último, la Eficiencia agronómica remite a las pautas de uso del suelo y conducción de cultivos. Incluye la diversificación productiva y un adecuado balance de tecnologías de procesos y de insumos, minimizando la dependencia externa de estas últimas. Demanda un enfoque sistémico en la investigación, extensión y adopción de las prácticas.

7 - Generando futuro

En el sector agropecuario y en especial, en círculos tecnológicos, resulta común discutir respuestas sin acertar con las legítimas preguntas. El desafío de generar nuevas demandas y mejores escenarios, tiene que ver con diferenciar el Crecimiento económico del Desarrollo, pensando en una nueva ruralidad, dentro de un contexto nacional y global. También con adoptar la actitud de estar conectados con el mundo y no pensar siempre que un factor “externo” causa nuestros problemas (Senge, 1998).

En la tesis de recrear los sistemas productivos (rurales), cabe analizar cuáles son los atributos (a su tiempo indicadores) más comprometidos con un modelo referencial de Desarrollo, expresamente delineado. Transitar este camino (en Argentina) es políticamente muy fuerte y no descansa en el Mercado o el Estado, solamente, sino que demanda activa participación de la sociedad civil. También requiere de una mirada no asistencial y compensatoria del desarrollo, sin prescindir de la cooperación internacional (Solis Araya, 2000; Sili, 2004). La tarea no es independiente de la contienda global, cuyo modelo actual debe optar por una reconfiguración estructural, donde el sistema económico sólo sea un subsistema de un sistema mayor, que lo contiene (Fernández, 2002).

En lo doméstico, dotar a las unidades productivas agropecuarias con los atributos mencionados (Tabla 3) es una tarea que excede largamente el ámbito sectorial. Un prerrequisito es la generación de una sólida voluntad política, sin ignorar la alta concentración actual del poder urbano y económico. A semejanza de lo que Gallopin (2004) recomienda para transitar “El nuevo camino”, existe “la ineludible necesidad de conectar las políticas científico-tecnológicas de largo plazo con las políticas económicas y sociales y, en definitiva, con un Proyecto de País”.

No es prudente subestimar la colosal (y apasionante) misión de instalar nuevas agendas, atravesando el consumismo y el blindaje mediático. Técnicamente, sin embargo, la transición a niveles razonables de sustentabilidad, es viable. Es posible hacerlo, dentro de una evolución gradual y bajo el imperio pleno del estado de derecho. Una fundamentación y una propuesta metodología, en tal sentido, se puede encontrar en un ensayo (Loewy, 2002), escrito desde la experiencia de un cooperativista y productor agropecuario.

8 - Exploración de indicadores de sustentabilidad rural/social

Los indicadores son herramientas fundamentales para el aprendizaje y a la vez son instrumentos estratégicos para la valoración y el seguimiento de los objetos en estudio. Pueden definirse como variables sintéticas (Jimenez Herrero e Higon Tamarit, 2003). A continuación analizaremos las variables (indicadores) más consistentes, con potencialidad para fortalecer los atributos de las unidades, funcionales a un Desarrollo con equidad. Seleccionaremos aquellas que, sin dejar de tener un impacto predial, aportan más claramente al entorno social, a distintos niveles.

Vale aclarar que se trata de una propuesta que requiere su validación/corrección, a través de algún método participativo, interdisciplinario, sin olvidar el aporte de los propios actores de una comunidad (Proisus, 2007). Asimismo, el análisis de su expresión y clasificación, para que reúnan las características deseables de un indicador (Sarandon, 2002-b) y su descripción en un modelo de ficha metodológica (MSA, 2005), amerita un trabajo adicional. Aquí solo se presentan los conceptos que se consideran más pertinentes, para evaluar la sustentabilidad de las unidades, desde una visión social (Tabla 4).

Tabla 4 Indicadores de unidades rurales, con expresión en sustentabilidad social*

I n d i c a d o r Co n c e p t o
Tamaño de la unidad Nº de unidades económicas, según zona e intensidad productiva
Tenencia de la tierral En propiedad y /o alquiler u otras modalidades.
Residencia En campo, centro de servicios, zonal, regional o extraregional.
Arraigo y continuidad Sentido de pertenencia, vocación y previsión de futuro.
Interacción comunitaria Grado de relación cultural y participación social en el medio
Vinculación comercia Local, zonal, regional o extraregional.
Autonomía económica Grado de dependencia de su unidad productiva.
Demanda de empleo Por unidad de superficie (predial) y por servicios (social).

* Adaptado del trabajo de grupo, en el SO bonaerense (Proisus, 2007)

Haciendo una apertura del espectro de cada variable (o indicador) podríamos calibrar los grados, en su relación con los atributos señalados (Tabla 3). No se incluye el “Tipo de empresa”, ya que esta variable sintetiza -implícitamente- varios de los indicadores mencionados, en términos cualitativos o cuantitativos. Se trata de in indicador “macro” que el modelo de desarrollo debe seleccionar y promover, en proa hacia los objetivos fijados.

Una premisa irremplazable es considerar al uso y tenencia de la tierra, en función social. Según Viglizzo (2001), “Racionalizar el uso de la tierra es clave para la Agricultura Sustentable. Resulta tan esencial como planificar los servicios de educación, seguridad y justicia, en una comunidad organizada”. Es por eso que los indicadores, Tamaño, Tenencia y Residencia (TTR) exhiben una alta pertinencia en sostenibilidad social. Son los más estructurales e independientes, con alta definición inductiva, en el perfil de los sistemas.

9.-Agricultura Familiar

Admitiendo la convivencia de varias formas de producción, se propone la pequeña y mediana Agricultura Familiar (AF) como núcleo sustentable del desarrollo rural y nacional. Este es el tipo de empresa que mejor representa los objetivos de equidad, en consistencia con los demás atributos de la Tabla 3. El predominio de estos establecimientos ha sido asociado con sistemas más sustentables y permanentes y con mayor resiliencia de las comunidades que integra (Chiappe, 2002). La evolución actual de la agricultura en América latina va “...en detrimento de la producción local, diversa y autosuficiente, en la cual el sector campesino y los pequeños y medianos agricultores tuvieron un marcado éxito durante siglos” (Pengue, 2005). Analizando el caso brasileño, Soares (2002) hace una enfática defensa de la AF, en cuanto a su aporte en Seguridad Alimentaria y sus funciones ambientales, económicas y sociales.

En Argentina, la pequeña y mediana AF se debate en una retirada silenciosa pero dramática, a nivel humano y de futuro nacional. Su resistencia trasciende lo productivo para transformarse en “... lucha por una cultura, por una forma de vida que las reglas del mercado y las políticas neoliberales cancelan e ignoran” (Diaz Rönner, 2006). Según el Censo 2002 el número de explotaciones agropecuarias (EAP) se redujo, desde 1988 en un 25% (30% en la región pampeana). Correlativamente, la superficie promedio aumentó en un 28%, hasta alcanzar 538 has. La pérdida de unidades impactó de lleno en la Pymes, conformadas básicamente por producciones familiares. No obstante, éstas aun representa las 2/3 partes de las 317.800 EAPs. Ocupan un 14 % de la superficie y producen hasta un 20 % del Producto Bruto Agropecuario (INDEC,2002).

Si consideramos nuestra superficie, nuestra población y su pésima distribución, nos encontramos con “un gran territorio vacío y no planificado, en términos de desarrollo y gestión geopolítica nacional” (Pengue,2007). Afortunadamente se está comenzando a debatir el tema de la AF, en muchos países y también en el nuestro. Ya se realizaron 2 plenarios nacionales y el INTA tiene varios proyectos en curso, sobre el tema. La tecnología, empero, hoy no luce como una demanda crítica de las Pymes agropecuarias. Lo que reclaman es "visibilidad" social y un reconocimiento y ponderación de los atributos que exhiben, para instalarse -definitivamente- en la agenda nacional. En un Seminario internacional (2003) realizado en Brasilia, Argentina firmó una declaración muy conceptuosa y taxativa, a favor de esta modalidad productiva. Entre otros aspectos del primer punto, se destaca su aporte a una distribución demográfica y de ingresos, más equilibrada.

10.-Agricultura familiar y Desarrollo

Las características de la AF reúnen varios índices compatibles con una comunidad sustentable, en términos de desarrollo local, identidad territorial y capacidad de resiliencia. También cumplen las condiciones expuestas por Bryden (1994), entre las cuales se destacan la capacidad de auto regenerarse, satisfacer aspectos materiales y no materiales y tener capacidad de influir en los procesos que determinan su futuro (citado por Chiappe,2002). En la Tabla 5 intentamos secuenciar tales características, con el Desarrollo.

Tabla 5.Tendencias de relación entre algunos indicadores y atributos, emblemáticos, con productos o insumos del Desarrollo.

Indicador del SP* Valor **en AF* Atributos del SP Productos - Insumos
Tamaño,
Residencia
Empleo
Pymes
Rural
Alto
Equidad social
Eficiencia
espacial
Ordenamiento
territorial
Empleo genuino
Arraigo y continuidad
Interacción comunitaria
Autonomía económica
Alta
Alta
Alta
Etica y
Estabilidad
productiva
Patrimonio cultural
Seguridad y Soberanía Alimentaria
Tenencia de la Tierra
Vinculación Comercial
En propiedad
Local y zonal
Eficiencia ambiental y
agronómica
Cuidado ambiental y Eficiencia ecológica

* SP, sistema de producción. *AF, Agricultura familiar. ** Dominante

La ponderación de indicadores y sus relaciones no son exclusivas de la AF. En ellas, sin embargo, se opera la mayor probabilidad conjunta de asociación, entre las columnas y de sinergias positivas, entre distintas líneas. Según Gordillo de Anda (2004), subdirector de la FAO, este tipo de producción, representa el segmento más dinámico del medio rural. También lo asocia directamente con la Seguridad Alimentaria y el mayor empleo rural, agrícola y no agrícola. Si hiciéramos el mismo ejercicio (Tabla 5) con la Agricultura comercial, hoy predominante, nos encontraríamos con otros valores y atributos, más una vertiginosa caída de los productos o insumos, seleccionados para el Desarrollo.

Como puede apreciarse, la inversión en AF es altamente rentable, si pensamos en términos humanos, sociales, económicos y ecológicos, incluyendo una visión espacio-temporal. Las cosechas récord, implican otro objetivo, distinto. Si bien nadie puede pensar en un desarrollo rural o urbano en términos sectoriales, el enfoque integral -en Argentina- es doblemente significativo, dada su aberrante distribución poblacional. Un modelo de mayor balance geodemográfico se alinea, además, con demandas globales de eficiencia energética y ambiental.

11.- A modo de conclusión

No se puede prescindir de modelos prospectivos de ruralidad, para analizar y ponderar la evolución social de las comunidades agrarias. El contenido más representativo de la sustentabilidad social es el de la Equidad, como generadora de calidad de vida. Su implementación, intra e intergeneracional, acusa alta afinidad con el desempeño sustentable de las componentes ecológicas, económicas e institucionales. Varios autores coinciden en asumir esta herramienta de progreso, no como una mera concesión a los más necesitados, sino como un derecho ciudadano que el Estado debe proteger.

Los sistemas productivos remiten a un enfoque relevante para abordar los problemas del medio rural. Desde una visión estratégica, aparecen como unidades críticas de estudio, más allá de un pensamiento sistémico. Los criterios de Multifuncionalidad y Nueva Ruralidad, jerarquizan esta variable, deliberadamente postergada en muchos países.

Se proponen algunos indicadores para el diagnóstico de las unidades productivas. Entre ellas se destacan el Tamaño, Tenencia y Residencia, como inductoras de perfil, en sistemas y comunidades rurales. La promoción de la pequeña y mediana Agricultura familiar se vislumbra como una materia sólida, para cimentar una Nueva Ruralidad, en Argentina, como parte de un Proyecto de Desarrollo Nacional.

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Ing. Agr. (M.Sc.) Tomás Loewy - INTA EEA Bordenave – Prov. de Buenos Aires

 


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