1. Introducción.
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2.1.4. Epoca de muestreo.
El período óptimo de muestreo es el comprendido entre septiembre y noviembre, cuando las hojas de la brotación de primavera han alcanzado una edad de 7 a 9 meses. En esta época, dichas hojas mantienen estable la concentración de elementos minerales a diferencia de lo que ocurre durante su desarrollo. No es conveniente efectuar el muestreo, al menos hasta que hayan transcurrido de 15 a 20 días desde el último abonado.
2.1.5. Situación de las hojas.
Las hojas objeto de muestreo procederán de brotes vegetativos y terminales, es decir, que no tendrán fruto, ni tampoco se habrá desarrollado otra brotación sobre ellos. Dichos brotes estarán situados, aproximadamente, a la mitad de la altura del árbol y orientados en la dirección de los cuatro puntos cardinales. De cada uno de ellos se tomará la hoja situada en segunda o tercera posición comenzando por el extremo.
2.1.6. Tamaño de la muestra.
Teniendo en cuenta que el número total de árboles seleccionados para el muestreo de una parcela homogénea oscila entre 25 y 50 y que se toman 4 hojas por árbol, el número normal de hojas que constituye la muestra debe estar comprendido entre 100 y 200, aunque puede oscilar moderadamente fuera de estos límites en función de las características del muestreo.
2.1.7. Transporte de las muestras.
El transporte de las hojas conviene efectuarlo en bolsas de papel poroso, tela permeable o plástico perforado. No deben guardarse en recipientes herméticos o impermeables, que al impedir la evaporación de la humedad, provocan la podredumbre de las hojas. En la bolsa se marcará de forma clara la referencia de la parcela a la que corresponde la muestra. Si las hojas están mojadas en el momento de su recogida, es conveniente secarlas con un papel absorbente antes de introducirlas en las bolsas. Cuando sea necesario guardar las muestras durante un cierto tiempo, antes de su envío al laboratorio, se pueden mantener en un frigorífico a la temperatura de 1-4ºC. De cualquier forma, se recomienda que el tiempo transcurrido entre la toma de muestras y la recepción de éstas en el laboratorio, sea lo más corto posible.
3. ANÁLISIS DE SUELOS.
El análisis del suelo es un elemento indispensable para conocer las características, tanto físicas como químicas de éste, que afectan a la nutrición de la plantación. Las condiciones físicas del suelo, y especialmente la textura, nos informan de aspectos importantes relacionados con la movilidad del agua y la dinámica de los elementos fertilizantes. El análisis químico nos indica la riqueza en nutrientes del suelo y nos da una aproximación sobre aquellos elementos que se encuentran en forma asimilable por la planta. En su conjunto, el análisis del suelo también nos informa de aquellas características del mismo que son desfavorables o limitantes para el desarrollo del cultivo. Las tablas 5, 6, 7, 8, 9 y 10 muestran los niveles de los principales componentes del suelo, relacionados con la nutrición de los cítricos.

Tabla 5. Interpretación de los análisis de suelo.

Tabla 6. Interpretación de los análisis de materia orgánica del suelo.

Tabla 7. Interpretación de los análisis de fósforo (P) en suelo (método Olsen).

Tabla 8. Interpretación de los análisis de potasio (K) en suelo (extracto acetato amónico 1 N).

Tabla 9. Interpretación de los análisis de magnesio (Mg) en suelo (extracto acetato amónico 1 N).

Tabla 10. Interpretación de los análisis de calcio en suelo (extracto acetato amónico 1 N).
3.1. Procedimiento de muestreo.
Para la toma de muestras del suelo, la plantación deberá dividirse en parcelas con características edáficas homogéneas, en lo que se refiere a textura, fertilidad, color, profundidad de suelo, cte. También deberán diferenciarse aquellas parcelas que, aun teniendo un suelo semejante, estén sometidas a diferentes prácticas de cultivo, especialmente en lo que se refiere al riego (localizado o inundación), manejo del suelo (laboreo o no cultivo) y fertilización.

Figura 3. Distribución de los puntos de muestreo del suelo siguiendo las diagonales de la parcela.
En las parcelas que presentan características homogéneas, se tomarán, aproximadamente, de 10 a 15 submuestras de la capa superficial comprendida entre 0 y 30 cm de profundidad. Estas deberán localizarse en puntos, más o menos equidistantes, distribuidos por toda la superficie de la parcela. Una forma cómoda de efectuar el muestreo es siguiendo las diagonales de la parcela, tal como se muestra en la figura 3. Hay que hacer notar, que cuando el riego se realiza por inundación, es conveniente tomar las submuestras en las calles por donde se efectúa el riego (Figura 3). En los sistemas de riego localizado, se mantendrá la misma distribución, aunque la toma de submuestras se efectuará en el bulbo, en puntos intermedios entre el emisor y el límite de la zona húmeda del mismo. Antes de efectuar la toma de tierra, se deberá eliminar de la superficie de cada punto de muestreo las piedras, hierbas u otros materiales ajenos al suelo que puedan dificultar dicha operación.

Figura 4. Instrumentos utilizados para la extracción de muestras del suelo.
La extracción de la tierra puede efectuarse con diversos instrumentos. El más adecuado es una barrena terminada en punta de taladro (Figura 4A). Esta herramienta al penetrar en el terreno, extrae mediante un dispositivo adecuado, cilindros de suelo que conservan el perfil de la zona muestreada. En caso de no disponer de barrena, se puede excavar un hoyo de 30 cm de profundidad con ayuda de una azada, tal como se muestra en la Figura 4B. De éste, se extraerá una sección de suelo de la pared vertical, hasta la profundidad deseada. La extracción de muestras a una profundidad por debajo de los 30 cm, sólo es conveniente cuando exista algún problema que pueda limitar el desarrollo o funcionamiento del sistema radicular (estratos de arcilla compactada, costra caliza, etc.). Las muestras de este subsuelo nunca deberán mezclarse con las de la capa superficial.
3.1.1. Epoca de muestreo.
El muestreo del suelo puede efectuarse en cualquier época del año. Unicamente se deberá tener la precaución de no tomar las muestras hasta que haya transcurrido un mes desde la última aplicación superficial de fertilizantes. En riego por goteo no es necesario contemplar esta observación, cuando los fertilizantes se aplican disueltos en el agua con un alto grado de fraccionamiento.
3.1.2. Manejo y transporte de las muestras.
Las submuestras se desmenuzarán hasta dejar la tierra suelta y se eliminarán las piedras que contengan. Dichas submuestras se mezclarán íntimamente, separándose del conjunto una fracción representativa de aproximadamente 0,5 a 1 kg de peso, que se utilizará como muestra definitiva para su análisis en el laboratorio. Si la tierra está excesivamente húmeda, es conveniente dejarla secar al sol. Posteriormente, si queda apelmazada, se triturará lo más finamente posible y se desecharán las piedras antes de efectuar la mezcla de las submuestras, previamente a su envío al laboratorio de análisis. Las muestras de suelo se introducirán en bolsas limpias de papel impermeabilizado o plástico, indicando en cada una de ellas, con la mayor claridad posible, la referencia de la parcela y la profundidad a la que se ha tomado dicha muestra.
4. ANÁLISIS DE AGUAS.
La calidad del agua de riego afecta a la nutrición de los cítricos tanto por su contenido de elementos nutritivos en solución como por la presencia de iones tóxicos para la planta. Entre los primeros, caben destacar por su importancia, los nitratos que pueden encontrarse en concentraciones elevadas en algunas aguas subterráneas y constituir una importante fuente de nitrógeno. Algunos cationes como el Ca2+ y Mg2+ pueden suponer un aporte significativo de estos elementos al suelo, cuando se encuentran en proporciones altas en el agua. Entre los elementos tóxicos para la planta que puede contener el agua de riego, destacan los iones cloruro y sodio, que generalmente son los causantes de su salinidad. La presencia de boro en el agua de riego puede provocar también una importante toxicidad en los cítricos. La tabla 11 muestra los niveles de los principales elementos que se determinan en los análisis de agua, en función de su repercusión sobre los cítricos. Cuando los contenidos en sales o elementos tóxicos en el agua de riego se consideran bajos, ésta puede utilizarse sin ninguna restricción. Las concentraciones que se encuentran en los intervalos definidos como moderados, indican que el agua de riego debe utilizarse con precaución en patrones o variedades sensibles, donde puede causar daños leves. Los niveles altos advierten que existe un claro riesgo de toxicidad para el cultivo de los cítricos si se utiliza este agua para el riego.

Tabla 11. Interpretación de los análisis del agua de riego.
En el caso del nitrato, las concentraciones consideradas altas, indican una elevada contaminación del agua por este ión y deben tomarse medidas para reducir el aporte de abonos nitrogenados.
4.1. Procedimiento para la toma de muestras de agua de riego.
Para transportar las muestras de agua de riego se utilizarán recipientes limpios de cristal o plástico, con cierre hermético, de aproximadamente 1 litro de capacidad. Si el agua procede de un canal, debe tomarse cuando está en circulación por el mismo, y nunca cuando se encuentra estancada. Es importante recoger la muestra cuidadosamente para evitar, en lo posible, la presencia de elementos sólidos en suspensión. Cuando el agua proviene de un pozo, es conveniente que, antes de proceder a la toma de la muestra, la impulsión se mantenga en marcha durante unos minutos, hasta que el agua emerja clara.
Autores:
F. Legaz1; M. D. Serna1; P. Ferrer2; V. Cebolla1; E. Primo-Milo1.
1 Instituro Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA).
2 Servicio de Transferencia de Tecnología Agraria (STTA).
DIRECCIÓN GENERAL DE INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA AGRARIA
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