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LA ECONOMÍA ESPAÑOLA FRENTE A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INGENIERÍA GENÉTICA APLICADAS A LA AGRICULTURA (2ª parte)

Resumen
1. Introducción
2. Desarrollo De Los Productos Genéticamente Modificados Y Perspectivas
3. Economía Y Biotecnología Agraria
3.1. Análisis De La Oferta
3.2. Análisis De La Demanda
4. La Economía Española Frente A La Biotecnología Agraria: Oportunidades Y Retos
4.1. Investigación Y Desarrollo De La Biotecnología Vegetal En España
4.2. Impactos Económicos De La Biotecnología Agraria En España
5. Bibliografía

 
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4.2. Impactos económicos de la biotecnología agraria en España

En la actualidad, el sector agroalimentario español, en el que se incluyen las actividades agropecuarias junto con la industria de la alimentación y bebidas, tiene un elevado peso en el conjunto de la economía española, en términos de gasto, producción, rentas, empleo y comercio exterior.

Así, según la Contabilidad Nacional de España (INE) en 1996 el gasto de los españoles en alimentos y bebidas ascendió a 8,74 billones de pesetas, lo que representa el 19,2% de los gastos totales. A esa cantidad hay que sumar el valor de los alimentos consumidos en “restaurantes y cafés” por un importe de 2,37 billones de pesetas. Por su parte, las rentas generadas en el sector agroalimentario ascendieron a 5,79 billones de pesetas, cantidad que representa el 8% del PIB español. En cuanto al empleo generado, los 1,46 millones de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo representan el 11% del total nacional.

A su vez, las exportaciones agroalimentarias durante los últimos años han registrado un importante crecimiento, hasta alcanzar en la actualidad los 1,4 billones de pesetas, lo que representa el 14% de las exportaciones totales. A diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de las categorías de productos, durante los últimos años se registra un saldo comercial positivo y la tasa de cobertura (exportaciones/importaciones) del comercio agroalimentario toma un valor aproximado de 1,2, lo que pone de relieve la competitividad del sector agroalimentario español y la especialización española en estas actividades.

A través de la Tabla input-output de la economía española elaborada por el INE para 1995 podemos conocer el origen de los productos utilizados por el sector agroalimentario, así como los principales destinos de los mismos: Las necesidades de productos agrícolas y ganaderos en 1995 se cifraron en 5,4 billones de pesetas, de los que el 85% fueron producidos en el interior, mientras que el restante 15% se corresponde con importaciones. Una parte significativa de las importaciones son cereales pienso y otros productos necesarios para la alimentación del ganado, ya que España padece un déficit crónico de estas materias primas. La mayor parte de la producción agrícola y ganadera se destinó a la industria transformadora (70%), mientras que el consumo final absorbió un 14% y las exportaciones un 15%, al tiempo que un 0,8% se destinó a incrementar los stocks.

Por su parte, la oferta interna de productos de la industria de la alimentación y bebidas fue de 10,5 billones, de los que 9,3 billones fueron producción interna (89%), mientras que las importaciones ascendieron a 1,2 billones de pesetas (11%). Entre los destinos de esta producción destaca el consumo de los hogares (42%), la hostelería (21%), otros usos industriales (22%) y las exportaciones (8%).

A la luz de los resultados anteriores, resulta evidente el papel clave del complejo agroalimentario en el conjunto de la economía española, hasta el punto de que es el segundo sector productivo por su contribución al PIB español y continúa siendo la principal partida de gasto de los españoles, a pesar del declinar que ha experimentado, en términos relativos, desde los años setenta.

Por lo general, la distribución de los costes y los beneficios del cambio técnico está en función de la tasa de adopción de la innovación y el momento del tiempo transcurrido, según se muestra en la figura 1.

figura 1: Pautas de la distribución de los costes y los beneficios del cambio técnico

Fuente: Adaptado de Buckwell, A. y otros (1998).

En un primer momento, las nuevas variedades de la biotecnología son utilizadas por una proporción reducida de agricultores, que deben emplear tiempo en aprender a utilizar las nuevas técnicas, al tiempo que las primeras versiones tienen precios elevados. Sin embargo, al poco tiempo, comienzan a registrarse los beneficios que suponen para los agricultores, lo que provoca un fuerte incremento en la tasa de adopción. Una vez que el nivel de adopción comienza a ser elevado, los menores costes asociados a la nueva tecnología provocan una tendencia a la baja en los precios de la producción, momento a partir del cual el consumidor comienza a obtener los beneficios de la nueva tecnología (punto A), aunque es probable que no sea consciente de la relación entre el avance tecnológico y la caída de precios.

A partir del momento en que los precios comienzan a declinar, aumenta el incentivo y la presión sobre los agricultores para adoptar la nueva tecnología. A partir del punto B, momento en que la tecnología alcanza la madurez, el consumidor obtiene el máximo beneficio. Por su parte, el proveedor de la tecnología comienza a experimentar un retroceso del beneficio obtenido, al aumentar la competencia y vencer el período de la patente.

Siguiendo el esquema anterior, cabe esperar que los efectos económicos de las semillas GM en España recaigan en el corto plazo sobre los agricultores que las empleen, ya que experimentarán incrementos en sus márgenes ante la mayor producción y la menor utilización de productos químicos, energía y mano de obra. Estas ventajas deberán superar el mayor precio de la semilla modificada en relación con la convencional, si bien, las ventajas económicas que ofrecen los nuevos productos GM a los agricultores se completan con otras de muy difícil cuantificación pero muy importantes, relacionadas con la mayor sencillez y comodidad de los nuevos cultivos.

En el caso del maíz Bt resistente al taladro (hasta ahora único cultivo comercial GM en España) distintos experimentos realizados en España entre 1995 y 1998 permitieron estimar unas pérdidas medias por los ataques de taladro cercanas a las 20.000 pesetas por hectárea, que se pudieron evitar mediante la utilización de las semillas transgénicas (véase tabla 6).

Tabla 6: Pérdidas de producción de maíz causadas por ataques de taladro en España.

  % Pérdida de producción Pérdida Kg./Ha Pérdida ptas./Ha
1995 9,0 941 21.643
1996 6,1 735 16.905
1997 26,4 2.415 55.545
1998 9,0 nd nd

nd: no disponible.



Fuente: Alcalde E. (1999), p.475; para 1998: Fernández-Anero, J. Novillo, C. y Costa, J. (1999), p.453.

Se calcula que en nuestra geografía las hectáreas de maíz GM cultivadas durante los últimos ejercicios se aproximan a las 25.000, cantidad que representa el 6% sobre el total del cultivo de maíz. La experiencia de los agricultores españoles con este maíz es muy positiva, por lo que se han confirmado las ventajas ofrecidas por la nueva variedad respecto de la convencional, hasta el punto de que en los últimos años la expansión del maíz transgénico ha quedado limitada por la disponibilidad de semillas por parte de la empresa que las proporciona.

De esta forma, se espera que los cultivos de maíz GM se extiendan en el futuro notablemente, especialmente una vez que se autorice la comercialización de nuevas variedades de maíz, lo que producirá una mayor competencia y concederá a los agricultores una mayor capacidad de elección.

Dado que los nuevos cultivos de maíz transgénico no han tenido efectos sobre los precios percibidos por los agricultores españoles, la mejora de productividad ha beneficiado únicamente a los productores. Sin embargo, a medio plazo, y a medida que se vayan generalizando los cultivos GM se producirán reducciones en los precios de los productos como consecuencia de los descensos que experimentarán los costes de producción. De hecho esta situación ya se ha producido en otros países, como Argentina y Estados Unidos.

Otro producto transgénico del que se conocen sus efectos económicos y medioambientales en España es el algodón Bt. En este caso, los cultivos con la variedad transgénica permitieron un incremento de la producción de fibra superior en un 12% a la obtenida con los programas de control de plagas utilizados con las variedades convencionales (véase tabla 7). Junto a la mayor producción, su utilización permitió un importante ahorro de insecticidas, en una proporción de 15,8 litros por cada hectárea cultivada. Además, mediante los cultivos de algodón Bt se evitó la necesidad de tener que vigilar de forma continua la posible aparición de plagas, así como la mano de obra necesaria para realizar las frecuentes aplicaciones de insecticidas.

Tabla 7: Efectos económicos del algodón Bt en España.

  1998 Mill. ptas Por hectárea
-97.499 Has-
Producción Convencional 39.053 400.955 ptas
Con algodón Bt Incremento de un 12% 43.739 449.070 ptas
Ahorro Reducción uso Insecticidas 2.308 Mill. ptas 1,5 millones litros 23.697 ptas 15,8 litros
Efecto global Incremento del VAB agrario 6.994 Mill. ptas 71.374 ptas
  25% empresa semillas 1.748 Mill. ptas 17.933 ptas
Incremento de renta agraria   5.246 Mill. ptas 53.806 ptas

Fuente: Elaboración propia a partir de Novillo, C., Soto, J. y Costa, J. (1999).

Los resultados anteriores coinciden gran medida con los estudios realizados en otros países para productos similares. Así, en Estados Unidos, la utilización de maíz Bt ha producido en las áreas con mayores niveles de infestación un beneficio para el agricultor de entre 10.250 y 20.500 pesetas por hectárea (21,25$ y 42,5$ por acre), dependiendo de los rendimientos que la explotación obtenga en condiciones normales y del precio percibido por el maíz (véase tabla 8). No obstante, la utilización de semillas transgénicas puede no ser rentable en casos extremos, si las explotaciones históricamente se han visto muy poco afectadas por el taladro y los rendimientos son bajos. Es posible que esta circunstancia, y la confusión que puede generar si no se explica adecuadamente, haya sido aprovechada por los detractores de la biotecnología, cuando afirman que los nuevos productos no son rentables para el agricultor y no suponen mejoras claras de productividad.

Tabla 8: Efectos económicos del maíz Bt en EEUU. $ por acre.

Rendimiento (Bushel/acre) Precio del maíz Número de taladros por planta
    0 0,5 1 1,5 2
125 2,5$ -10 -2,19 5,63 13,44 21,25
  3,0$ -10 -0,63 8,75 18,13 27,50
150 2,5$ -10 -0,63 8,75 18,13 27,50
  3,0$ -10 1,25 12,50 23,75 35,00
175 2,5$ -10 0,94 11,88 22,82 33,75
  3,0$ -10 3,13 16,25 29,39 42,50

Fuente: U.S. Environmental Protection Agency (2000).

En el caso del algodón Bt, los estudios realizados por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos muestran que su utilización reduce de forma importante el uso de pesticidas, con notables ventajas medioambientales y para la salud de los trabajadores. En cuanto al beneficio económico se ha estimado en 1999 para los agricultores de Estados Unidos en 6.200 pesetas por hectárea, considerando un canon tecnológico de 12.300 pesetas por hectárea. Este valor es inferior al obtenido para el caso español, y puede explicarse parcialmente por la notable diferencia de precios recibidos por los productores entre ambos países, ya que en Estados Unidos el incremento medio de producción estimado por el uso de algodón Bt es del mismo orden que el calculado en el caso español: del 9,6% en Estados Unidos frente al 12% en España.

Por lo que se refiere a otros cultivos, como es el caso de las patatas transgénicas resistentes a distintos insectos, se ha estimado una ganancia para el productor de 4.480 pesetas por hectárea.

A la vista de los anteriores resultados, resulta razonable estimar que la introducción de los nuevos productos de la biotecnología agraria puede llegar a suponer a medio plazo (entre cinco y ocho años) una mejora de productividad o del valor añadido agrario español próxima al 5%, ya que, aunque las ventajas ofrecidas por los nuevos productos individuales serán claramente superiores, la aparición de nuevos productos GM no será generaliza para todos los cultivos españoles. Dependiendo de si existe o no traslado a los precios de las mejoras de eficiencia, se pueden calcular bajo esta hipótesis las consecuencias para los distintos agentes españoles.

Así, en el caso de que no se produzca ningún tipo de reducción en los precios de producción, la renta agraria anual se incrementaría en una cantidad cercana a los 70.000 millones de pesetas, teniendo en cuenta que en 1999 el VAB de la producción agrícola ascendió a 1,4 billones de pesetas. Adicionalmente cabe esperar un incremento de la producción agraria, como consecuencia de un proceso de sustitución de ciertas importaciones. Así, por ejemplo, en el caso del maíz, y teniendo en cuenta la ampliación de tierras en regadío prevista en el Plan Nacional de Regadíos, los mayores rendimientos obtenidos en distintas zonas de España permitirían un aumento de la producción nacional y una reducción de la dependencia de las importaciones de este producto.

A medio plazo los precios del sector agrario tenderán a reducirse a medida que se generalice la adopción de las nuevas tecnologías, se incrementen los rendimientos y caigan los costes de producción. Por ello, las mejoras de productividad que se consigan en la agricultura, permitirán un descenso de los precios, con importantes repercusiones en los costes de producción ganaderos, de la industria alimentaria y sectores afines. El modelo de precios, elaborado a partir de la Tabla input-output, permite estimar los efectos de las alteraciones en los precios de un rama de actividad sobre los costes y precios del resto de sectores, bajo los supuestos del modelo input-output, a partir de la siguiente ecuación:

P = [I-A] -1 [A1i P1 (1+r) + V ]

Donde:

P = matriz de precios de cada rama.

I = matriz identidad.

A = matriz traspuesta de los coeficientes técnicos, en la que se ha eliminado la fila y la columna correspondiente a la rama 1 cuyos precios experimentan la variación inicial.

A1i = matriz traspuesta de los coeficientes técnicos entre la rama 1, y el resto de sectores.

P1 = precios de la rama 1.

r = variación de precios que experimenta la rama 1.

V = matriz de coeficientes técnicos de valor añadido de cada rama.

Los resultados de este modelo, en el que se ha estimado una reducción de los precios agrarios del 5%, se muestran en la tabla 9. Una caída de los precios agrarios produciría un efecto en cascada sobre toda una serie de sectores de actividad, especialmente sobre el sector de carne, leche y otros alimentos, de tal forma que el deflactor del consumo privado se reduciría un 0,4%. Por otra parte, el efecto contractivo que la reducción de precios agrarios sobre los precios del conjunto de la economía permitiría un ahorro para los consumidores españoles de 124.000 millones de pesetas.

Tabla 9: Impacto de la biotecnología agraria sobre los precios de la economía española

Ramas de actividad Impacto precios (en %) Consumo privado (Mill. ptas 1994) Ahorro consumidores (Mill. Ptas 1994)
Productos de la agricultura y ganadería -5,00 785.617 39.281
Carnes y conservas. -2,72 1.511.156 41.159
Leche y productos lácteos -2,31 695.752 16.046
Otros alimentos. -1,32 1.904.836 25.102
Bebidas. -0,72 463.354 3.319
Pastas papel, papel y cartón -0,46 2.651 12
Restaurantes y alojamientos -0,35 8.565.149 29.887
Madera y muebles madera -0,34 357.441 1.200
Cuero, piel y calzado -0,32 396.937 1.273
Tabacos. -0,31 654.295 2.042
Product. caucho y plástico -0,09 128.499 120
Productos químicos. -0,08 960.106 724
Artículos de papel, impresión -0,07 338.326 241
Investigación y enseñanza ven -0,07 557.230 394
Sanidad destinada a venta -0,05 1.006.814 499
Product. indus. manufactureras -0,03 297.924 85
Productos textiles: vestido -0,03 1.344.311 339
Servicios destinados venta -0,02 1.827.209 395
Transporte aéreo. -0,02 218.958 45
Ferrocarriles. -0,02 91.707 16
Tierra cocida; prod. cerámicos -0,02 23.618 4
Otros minerales y deriv. no meta. -0,02 1.466 0
Otros sectores   20.101.413 1.173
Total -0,39 42.234.769 124.076

Fuente: Elaboración propia.

El efecto de reducción de costes permitirá aumentar la competitividad internacional de las industrias del sector agroalimentario, con consecuencias favorables sobre su rentabilidad y el nivel de empleo. De esta forma, se producirá una mejora del saldo de comercio agroalimentario, según las elasticidades demanda-precio de las exportaciones e importaciones. El valor de la elasticidad de las exportaciones españolas a corto plazo se ha estimado en distintos estudios en un -0,6, mientras que el valor correspondiente a las importaciones es de -0,5. Aplicando los correspondientes coeficientes a los valores de los flujos comerciales de la industria agroalimentaria, se obtiene una mejora del saldo comercial en una cantidad superior a los 14.000 millones de pesetas.

En la actualidad se encuentra en proceso de reforma la normativa de la Unión Europea sobre OGM, con el objetivo de incrementar la eficiencia y la transparencia del proceso de autorizaciones, al tiempo que se asegure un elevado nivel de protección para la salud humana y el medio ambiente. Una de las principales cuestiones que aborda la nueva normativa es la obligación que tendrán los Estados miembros de exigir el etiquetado de los alimentos GM, para que se pueda conocer el origen o la naturaleza de cada producto, y pueda ser controlado durante las distintas etapas de la cadena de producción y de este modo sea factible localizar tanto el origen como el destino de las partidas con organismos GM.

Una cuestión de gran relevancia es cómo se distribuirán los costes del etiquetado entre los diferentes eslabones de la cadena alimenticia, lo que dependerá de distintos factores. Así, la elasticidad de la demanda y de la oferta respecto al precio en cada uno de los eslabones de la cadena alimenticia determinará en qué medida los costes pueden trasladarse al siguiente escalón, En este sentido, cuanto más rígida sea la demanda en un cierto nivel, mayor parte del coste del etiquetado será absorbido por ese nivel. Otro elemento importante que influirá es la existencia o no de productos fácilmente sustituibles, ya que en caso de existir, será difícil repercutir el mayor coste a los precios, por lo que el agricultor asumirá una parte importante de los mayores costes de la segregación. A su vez, también determinará el reparto de los costes el grado de concentración empresarial existente en cada eslabón, ya que cuanto mayor sea el nivel de concentración en un nivel, más posibilidades existen de trasladar los mayores costes a proveedores y a clientes. Por último, las actuaciones de la política agrícola en materia de precios agrarios podrían impedir el traslado de los mayores costes a los consumidores, al tiempo que, por otra parte, podrían limitar los efectos de reducción de precios ante las caídas en los costes de producción.

Un factor clave que determinará en el corto plazo de los precios de los productos “sin OGM” en comparación con los transgénicos, es el grado en el que la oferta y la demanda de productos “sin OGM” logran equilibrarse. Así, si la demanda de productos convencionales supera a la oferta, se producirá un importante incremento del precio de estos productos, que compensará los mayores costes de producción y distribución. Al tiempo, se producirán excedentes de productos GM y disminuciones en el precio de éstos, por lo que las diferencias de precios podrían ser muy elevadas. Esta situación provocaría a medio plazo una mayor demanda de productos GM por parte de los consumidores ante su menor precio.

Sin embargo, en el caso de que la demanda de productos “sin OGM” sea pequeña en relación con la oferta, se producirán excedentes de estos productos, que serán adquiridos por la cadena convencional, pero no se pagarán primas por los productos “sin OGM”. De esta forma, los agricultores que opten por cultivos no transgénicos deberán asumir mayores costes de producción y transformación y, al no recibir un precio superior por su producto, saldrán perjudicados.

Ante estas nuevas situaciones, de gran complejidad, resultan necesarias actuaciones decididas de las administraciones públicas y organizaciones de consumidores con el objetivo de informar a la población, que eviten que un número importante de consumidores adquiera alimentos “sin OGM” con el convencimiento de que el extra coste que deberán asumir está justificado, por ser estos alimentos superiores o más seguros, ya que los estudios científicos realizados sobre los productos que han sido aprobados indican lo contrario.

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Gonzalo Sanz-Magallón Rezusta
Universidad San Pablo-CEU 


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